Las elecciones para la Asamblea nacional de Quebec; Reflexiones sobre las perspectivas de una presidencia de Obama; _______
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Puesta online a las 20:13, el 23 de Noviembre del 2008
Las elecciones para la Asamblea nacional de Quebec;
Reflexiones sobre las perspectivas de una presidencia de Obama;
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Reflexiones sobre las perspectivas de una presidencia de Obama
El próximo 20 de enero debe asumir Barack Hussein Obama como el 44º presidente de Estados Unidos de América y los analistas hablan de la existencia de una verdadera Obamamanía en el mundo lo que podría mejorar la imagen de la potencia a la cabeza del sistema político internacional.
La llegada de Obama se da en un contexto no sólo de pérdida de popularidad de Estados Unidos en el mundo luego de 8 años de unilateralismo, y políticas guerreras de la administración Bush, de pérdida de su imagen de defensora de libertades luego de recurrir abiertamente a la tortura y usar campos de concentración como el Guantánamo, además de decenas de otros centros secretos.
Un contexto también de crisis del capitalismo Mundial y de cuestionamiento del neoliberalismo, de cuestionamiento incluso de la supremacía de la economía estadounidense en el mundo por la entrada en acción de los llamados países emergentes como la República Popular China, o India, entre otros y el poderío comercial cada vez más importante de Europa.
Por ello, a pesar de ello, el mundo dio un suspiro de alivio porque la elección de Obama anuncia el fin de los años Bush, y promete mucho en política interna estadounidense y se espera demasiado en política internacional.
La presidencia de Obama es quizás lo que los estadounidenses necesitan, pero no está claro en que medida la administración Obama es lo que el mundo necesite, como no sea que al lado de Bush cualquier administración estadounidense puede ser mejor y efectivamente Obama parece que va en ese sentido.
La elección sin apelaciones de Barack Obama, tiene el mérito de terminar con las elecciones apretadas que mostraban que Estados Unidos avanzaba cada vez más hacia una creciente polarización y un predominio de las políticas conservadoras y ultra religiosas.
Se terminó un ciclo conservador de la historia política estadounidense iniciada con la victoria de Ronald Reagan, luego de la fracasada presidencia de James Carter. La gran derrotada con la elección de Obama es la derecha religiosa y ultra fundamentalista que podía justificar que una analista político como Huntington, caracterizara la situación posterior al fin de la guerra fría, como la guerra de civilizaciones entre la religión cristiana y la religión musulmana. La gran victoriosa de la elección de Obama es el símbolo de que el sueño estadounidense es todavía posible, vale decir que con esfuerzo personal todo es posible. Uno de los mitos fundadores de Estados Unidos que se ve actualizado además por la posibilidad de cerrar las heridas creadas por siglos de esclavitud y de segregación racial.
Obama está dedicado a formar su gabinete para inaugurar su gobierno el 20 de enero próximo. La esperada entrada de Hilary Clinton, su rival en la campaña para designar el candidato del partido demócrata, como Secretaria de Estado, el equivalente de ministro de relaciones exteriores, Obama muestra que quiere rodearse de gente capaz, e incluso seguir como lo dicen muchos el modelo de la presidencia de Abraham Lincoln que también eligió su rival en una cargo importante.
El problema es que ello puede también provocar confusión en su política exterior porque Hilary Clinton no será una mero ejecutante de las políticas de la presidencia como ocurre con Condoleza Rice bajo la administración de Georges Bush. La entrada de Hilary Clinton al gabinete significa una alianza que unifica el partido demócrata porque los Clinton controlan el establishment demócrata. Representando, - los Clinton - la posición más derechista del partido demócrata. No en balde muchos señalan que fue Clinton el que inició el mecanismo infernal de las subprimes y de la desregulación financiera que está en los orígenes de la crisis financiera actual. Lo cierto es que ello confirma que la política exterior será menos unilateralista y menos guerrera que la de Georges Bush, pero que no será un viraje muy claro de la política exterior estadounidense, porque Hilary Clinton no trae consigo una nueva concepción de la política exterior como otros importantes secretarios de Estado de la historia de Estados Unidos.
En cuanto a la manera en que Obama enfrentará la crisis financiera y la crisis de la globalización neoliberal, la situación parece aún menos clara. Algunos veían en Obama un nuevo Roosevelt capaz de proponer un New Deal a Estados Unidos y el mundo, que permitiera enfrentar como en los años treinta esta nueva gran crisis financiera resultante de la ausencia de regulación de la codicia de los financistas. El apoyo de Obama al plan de la administración Bush de apoyar los bancos, agregado al apoyo a una salida para las tres grandes empresas automotrices Ford, Chrisler y GM confirma que sus propuestas serán menos radicales que lo que algunos soñaban. Se trata de salvar las estructuras existentes y las corporaciones sin realmente invertir proporcionalmente en los ciudadanos. Si los republicanos de Bush están ligados principalmente a las transnacionales de la energía Obama aparece ligado al sector manufacturero ligado tradicionalmente al partido demócrata.
Esta claro que coexistirán las propuestas neoliberales en Washington. El encuentro de la Comisión Económica del Asia Pacífico en Perú ratificó ayer una declaración que confirma los objetivos del libre comercio y de la libre empresa y de las medidas del llamado consenso neoliberal de Washington. El foro de 21 países es una instancia bajo control estadounidense, que se mantiene en línea para la defensa de la globalización neoliberal. Es importante recordar que la política exterior estadounidense es una política de Estado y no de gobierno. La participación del ejecutivo, del congreso y de los lobbyistas en la definición de la política exterior es un elemento esencial del sistema político estadounidense, que es necesario considerar.
En América Latina es la región del mundo en la que la Obamamanía ha tenido menos impacto. La mejor política de Washington hacia la región siempre ha sido la ausencia de una política, es lo que ha permitido en el pasado, experiencias innovadoras y progresistas en la región como las experiencias de substitución de importaciones y los populismos de los años 30 cuando Washington estaba ocupada con la segunda guerra mundial.
Otra historia fue lo ocurrido con las experiencias progresistas de los años 50 hasta los años 70, reprimidas por los marines y combatidas ideológicamente con la cruzada anticomunista y alas que se le opuso la pretendida Alianza para el progreso de John Kennedy; la combinación del garrote y la zanahoria para fortalecer el poderío económico de Washington en su patio trasero.
Desde fines de los años ochenta, Washington, se ha desinteresado de América latina, por el fin del conflicto Oeste-Este y la guerra fría y después con sus nuevos enemigos terroristas integristas y su política de seguridad energética en el medio oriente.
América Latina no espera mucho de Obama, pero un signo claro podría ser el de terminar con el anacrónico boicot contra la revolución cubana, inaceptable desde todo punto de vista en el mundo actual. Una mano tendida y un trato de igual a igual frente a las experiencias latinoamericanas como la de Venezuela, de Bolivia, de Ecuador, serían otro antecedente, además por supuesto, de una política más firme de defensa de los derechos humanos y la buena gobernanza hacia Colombia. Un cambio de esa política en que Washington acepta sus aliados por consideraciones ideológicas aunque estos tengan un terrible historial en materia de violaciones de los derechos humanos.
La administración de Barack Obama es correctamente percibida en Estados Unidos como una gran esperanza de que ese país pueda finalmente reconciliar sus viejos demonios racistas. Desde una perspectiva del rol de Estados Unidos en el mundo, la presidencia de Barack Obama, busca restablecer el prestigio y el poderío estadounidense. No está claro si ello va ha crear un mundo más seguro o si va a revitalizar el conflicto entre Estados Unidos y sus rivales de la comunidad europea y seguirá imponiendo su voluntad usando el unilateralismo y la intervención militar.
Las elecciones para la Asamblea nacional de Quebec;
Los electores quebequenses deben concurrir nuevamente a las urnas el próximo lunes 8 de diciembre para elegir un nuevo gobierno parlamentario en reemplazo del gobierno minoritario liberal del saliente primer Ministro Jean Charest. Se trata de elecciones que no han despertado interés en el electorado pero que podrían reservar sorpresas dependiendo de lo que ocurra en el debate de los jefes el martes 25 de noviembre. Veamos algunos antecedentes.
El sistema parlamentario de origen británico que impera en Quebec permite que sea el primer ministro quién elija la fecha de las elecciones, siempre que ello sea al interior del periodo de 5 años después de la elección de su gobierno. En general, el sistema parlamentario de un diputado por circunscripción favorece los gobiernos mayoritarios, que pueden gobernar sin cortapisas, como no sea las que provengan de la filosofía del llamado gobierno responsable. Cuando hay más de dos partidos políticos ocurre que existan gobiernos minoritarios. Se han conocido muchos casos de gobiernos minoritarios en el parlamento federal, en Quebec la elección del gobierno minoritario fue algo inusitado, y provocado por la existencia de tres partidos. Jean Charest parece haber querido terminar lo antes posible con ese epifenómeno, aunque los electores quebequenses parecían acomodarse bien de una situación en que el partido de gobierno no puede hacer lo que quiera. El gobierno minoritario de Jean Charest duró sólo 18 meses. después de su reelección en abril de 2007.
Jean Charest se arriesgó a ir a elecciones aprovechando que las encuestas indicaban que con su nuevo estilo de gobierno había reganado el favor popular y quiere elecciones antes que arreciara la crisis económica, una decisión semejante a la adoptada por Stephen Harper a nivel federal.
Tras ello está la idea de aprovechar del descalabro de la oposición oficial de la Acción Democrática de Quebec de Mario Dumont. En efecto, El partido de Mario Dumont tiene apenas el 15% del favor popular en las encuestas de opinión. Mario Dumont que destronó al partido quebequense como segundo partido más votado en las elecciones de abril de 2007, gracias al tema de los acomodos razonables, decepcionó en su rol de oposición oficial; porque no supo pasar de las críticas simples que le hicieron popular, a propuestas creíbles de gobierno. Por ejemplo, no siguió en absoluto el tema de los acomodos razonables en las audiencias de la llamada comisión Bouchard-Taylor, a pesar de que fue lo que le permitió aumentar su diputación. Como oposición oficial, Dumont, propuso la caída del gobierno Charest por que no se ocupaba de las comisiones escolares, pero cuando bajo su popularidad ahora en ningún caso quería que hubiera elecciones. Una actitud semejante en varios expedientes le valió el epíteto de girouette, de veleta, según sus opositores. Aunque Mario Dumont ha sabido interpretar lo que preocupa a los quebequenses, ha cometido errores cuando está en su mejor momento: en 2003 perdió su popularidad cuando presentó un discurso frente al Canadian Club en Toronto, anunciando un viraje federalista. Durante las últimas elecciones federales cuando entregó sin condiciones su apoyo para los conservadores de Stephen Harper, que apenas conservaron 10 diputados y se eligió un nuevo gobierno minoritario conservador precisamente por la votación de los electores quebequenses. El desplome de la ADQ de Mario Dumont no es una mala noticia porque su populismo explota los valores más primarios del electorado y propone un viraje ultraderechista. Muchos analistas señalan que es el fin de la ADQ, siguiendo el camino de otros partidos conservadores rurales en Quebec, como los creditistas. A pesar de ello, Mario Dumont puede aún causar sorpresas en el debate como ocurrió en las últimas elecciones, porque Mario Dumont es hábil en la denuncia.
Por su parte, el partido quebequense dirigido por Pauline Marois, que podría ser a primera mujer primer ministro de Quebec, parece empantanarse en 34% según las encuestas de opinión. Aunque no ha incurrido en errores garrafales como los que cometió su antecesor André Boisclair, tampoco ha hecho una campaña brillante, como lo muestra que en lugar de atacar el gobierno liberal, esté defendiendo lo que hicieron antiguos gobiernos pequistas hace 10 años. El partido quebequense de Pauline Marois ha abandonado la perspectiva de tener un referéndum sobre la soberanía de Quebec en un primer mandato. Esto hace que por primera vez, el tema de la soberanía haya desaparecido de la campaña y las elecciones sean más propias de un gobierno provincial. El partido quebequense hace campaña como si fuera un partido que busca principalmente administrar el Quebec, y como el PQ no se inscribe resueltamente en la izquierda del espectro político, su plataforma se diferencia sólo en matices con respecto a la plataforma de los liberales, como ocurre con el número de estudiantes en las salas de clases o el número de espacios en las guarderías, entre otros.
Jean Charest sueña con un gobierno mayoritario, por la debilidad de sus oponentes y porque ganó en popularidad al abandonar desde abril de 2007, por lo menos en el discurso, sus posturas neoliberales e ideológicas y su estilo autoritario de gobierno de su primer mandato, uno de los gobiernos más impopulares de la historia de Quebec. Los analistas atribuyen ese cambio a su nuevo consejero. Otros señalan que debe su popularidad a que no ha hecho nada. Charest justificó el llamado a elecciones porque frente a la crisis económica mundial es mejor tener un gobierno mayoritario, pero la gran promesa de Jean Charest es que no va a hacer nada que moleste los quebequenses. El tema de la confianza es fundamental. Muchos temen que si obtiene un gobierno mayoritario volverá el Jean Charest de 2003.
Aunque las encuestas dan un 44% para los liberales, un 34% para el partido quebequense y un 15% para la ADQ, Jean Charest no tiene asegurado aún un gobierno mayoritario, porque su voto se concentra en el Oeste de la Isla de Montreal y depende del desplome de la ADQ en otras regiones, que pueden votar por el PQ. Por ello, el debate del martes próximo podría confirmar la tendencia, de un gobierno liberal mayoritario, o que a los liberales le ocurra lo mismo que a Stephen Harper y apenas ganen un gobierno minoritario e incluso pierdan con un gobierno pequista minoritario si los electores le castigan o desconfían porque Charest llamó a elecciones para hablar de economía y de cómo combatiría los efectos de la crisis económica pero en la práctica en sus promesas electorales no se vislumbra ningún plan específico.
Puede afectarle el reciente debate sobre la actitud del gobierno Charest de no divulgar los efectos de la crisis financiera en la Caja de depósitos e inversiones, El bas de laine des quebecois, el dinero bajo el colchón de los quebequenses, que algunos calculan en 30 ó 40 mil millones de dólares de su valor. Jean Charest no desea publicar la información. Su gobierno le dio a la caja un mandato que la forzaba a especular en la bolsa para aumentar sus ingresos. Esto contradice las críticas de Charest al gobierno del primer ministro pequista de Bernard Landry, porque la Caisse de dépòt et placement había perdido 30 millones de dólares en apoyar el proyecto Gaspesia, ahora la Caja habría perdido 30 mil millones y Jean Charest no quiere confirmarlo o desmentirlo.
La campaña electoral que sufren los quebequenses fue una apuesta de Jean Charest, un cálculo que no obliga a elegir entre cosas importantes, por lo menos si se ven las propuestas de los partidos tradicionales. Ciertamente, la ADQ y Mario Dumont se juegan la sobrevida, pero el mismo se construyó su situación actual. También Pauline Marois se juega su puesto, porque si no tiene un buen desempeño, los sectores más nacionalistas del PQ despertarán nuevamente. Hasta Charest se juega la sobrevida porque si no obtiene una mayoría está claro que los liberales le cambiarán dentro de poco. Pero esas son alternativas que interesen a los electores y por eso mismo se teme que no concurran a las urnas siguiendo el proceso de deslegitimación del sistema político canadiense.
Por ello, varios analistas consideran que en estas elecciones se abren las posibilidades para el desarrollo de nuevas alternativas, como la representada por Quebec solidario de Francoise David y Amir Kadir y del partido verde. Ciertamente estos partidos ni siquiera han podido, como en el caso del partido verde federal de Elizabeth May conseguir una tribuna en el debate entre los candidatos, pero representan posibilidades ciertas de propuestas alternativas desde la izquierda a las propuestas por los partidos tradicionales como los liberales, pequistas y adequistas. Una posibilidad que se ve como el elemento que podría dar un carácter novedoso e interesante a unas elecciones en que los candidatos parecen intercambiables.