SE LLAMABA EMA Por Elizabeth González Altamirano Camino lentamente con mi padre por el pasillo estrecho y caluroso. Las pe
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Puesta online a las 9:57, el 24 de Noviembre del 2008
SE LLAMABA EMA
Por Elizabeth González Altamirano
Camino lentamente con mi padre por el pasillo estrecho y caluroso.
Las personas sentadas en las sillas a los costados se ven aburridas, sudorosas y cansadas.
En medio del murmullo de conversaciones triviales la veo, alta, delgada, pelo cano… duerme.
Me siento frente a ella, no puedo dejar de mirarla, sus ojos semi cerrados, sus labios delgados de un rosado muy suave, debe haber sido hermosa cuando joven.
Una mujer joven a su lado está atenta a cada uno de sus movimientos, la mira con dulzura, acaricia sus blancas manos, sus largos dedos.
Desde mi lugar de observación casi puedo percibir la suavidad de su piel.
Su mano en un gesto rebelde busca liberarse, la joven toma su mano con dulzura, le habla despacito, ella se tranquiliza.
La imagino en el jardín de su casa, con un sombrero blanco y una cinta rosada, veo sus manos revoloteando entre las flores, una risa melancólica inundando su rostro, el eco de mil recuerdos azotando su mirada que por unos fragmentos de tiempo se pierde en la nada.
Puedo ver sus manos sirviendo tazas de té en los atardeceres primaverales, casi huelo su perfume fresco.
Su mirada opaca ahora debe haber brillado algún día por amores, sueños y deseos.
Su conversación agradable, un timbre suave que hace de las palabras un murmullo nostálgico con colores y olores desconocidos.
Unos movimientos armónicos, relajados se mezclarían en sus conversaciones y el té.
La imagino entre retratos gastados de familiares ausentes.
Una historia de padres, hermanos y amigos recordados con amor y alegría.
Noches interminables de lectura y música, Mozart, Beethoven…quizás cuantos otros acompañaron sus soledades ¿Por qué la imagino sola?
Me detengo en mis cavilaciones, me párese descubrir en sus rostro una sonrisa, quizás en medio de sus abismos logra percibir la intensidad de mi mirada, quizás logra escuchar mis pensamientos.
En un momento siento una mano suave que se posa en la mía, miro mi mano y esta vacía, levanto mi mirada y sus ojos por primera vez están abiertos, mis ojos chocan con los suyos, creo que me ve, luego se pierden en la inmensidad silenciosa del letargo.
Y vuelvo a imaginarla en sus jardines, la brisa jugueteando con sus cabellos, su vestido que vuela y se enreda en las espinas de las rosas, sus manos largas rescatando el vestido de colores suaves.
Veo las mariposas de colores posándose en su sombrero, su sonrisa enredándose entre los ladridos de sus pequeños perros.
La veo bailando un vals en un gran salón, muebles antiguos, jarrones, flores, bellos cortinajes recogidos con cintas de raso, ella baila junto a un hombre bello como ella, sus pies parecen volar, sonríe mientras el besa suavemente su mejilla.
En un momento su mano se levanta, suavemente recorre la muralla que esta a su lado, siento que busca la textura de una piel, desea en medio de sus oscuridades sentir nuevamente…la joven vuelve a tomar su mano, le habla cariñosamente y ella cae nuevamente en el sopor del sueño.