La veneración de una filósofa llena de virginidad El reloj daba las tres de la tarde y hacia un frío infernal. La M
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Puesta online a las 8:42, el 25 de Noviembre del 2008
La veneración de una filósofa llena de virginidad
El reloj daba las tres de la tarde y hacia un frío infernal. La Maruja, tan tonta que era la creída, tuvo su momento de locura y se le vio corriendo empelota sobre el techo de su casa. Tan cachiporra la ridícula. Tenia apellido holandés pero chilena hasta las patas. Se odiaba. Sus antepasados fueron conquistadores holandeses. Pero era pobre. Eso odiaba, ella, su pobreza.
Nacida de Valdivia. Sus padres, al morir, le dejaron puras calillas nomás. Sus estudios alcanzó a terminarlos en la Universidad de Chile. Su titulo: Doctora en filosofía. Nunca pudo trabajar en su profesión. Al máximo conseguía un peguita en una oficina o en un banco..., pololitos de oficina, le llamaba.
Era tan especial. Miraba en menos a rotos o cuicos que se le pararan a su lado. Era bella. Sus jefes, la mayor parte apostaba cenas y vacaciones en viña jurando que se la llevaban a la cama; por güevones perdieron sus apuestas. La Maruja no era tan jetona. Era virgen, decía ella en sus confesiones del domingo en la iglesia de su barrio. Deseaba un marido virgen.
Tan idealista ella. Claro, Maruja había leído un diario brasileño, cuyo titulo resaltaba la virginidad de un crac de la selección del Brasil y, que, al casarse el jugador, lo hizo virgen..., !chucha que puro el güeón!, exclamó a una amiga de la oficina.
El idealismo se respeta, al menos ahora, antes, era peor porque te hacían desaparecer o si tenías suerte te relegaban... El idealismo de hoy es diverso, no te hacen desaparecer pero te meten preso... claro que por ser virgen no se llega tan lejos porque en Chile todo es posible y hasta una callecita o un pasaje de una población nueva puede llevar tu nombre: calle de la virginidad.
Los padres de la Maruja fueron gente buena. En una parcela que tenían en Peñaflor tuvieron el coraje de esconder hasta a unos miristas. Claro, ellos también fueron miristas pero, pasivos, solidarios, simpatizantes de la revolución del cochachuyo y del gargarismos con la granada, fruta, que por otro lado, lograba bajar hasta la fiebre a los enfermos antimiristas; frenaba las diarreas anticomunistas de los socialistas..., porque, dígase la verdad, solamente la verdad, señores, Pinochet tuvo la suerte de encontrarse una izquierda tan dividida que le permitió rastrillar a todo Chile sin perdidas en su frente.
La Maruja había escrito hasta libros de filosofía. Eran complicados, es cierto, y fuera de eso, harto caros.
Una de sus obras, la que más causó pánico en las filas de algunos puristas, fue: "La veneración de una filósofa llena de virginidad".
Un libro lleno de tristeza porque si René Descartes se escapó con los tarros al escribir sus « discursos y tratado de las pasiones del alma », la Maruja, fue mucho más lejos. "La virginidad se estima", según ella, "cuando ella se desprecia".
La traducción para los mortales era que al estimar su virginidad, y al mismo tiempo despreciarla, no quería decir que la mujer debía entregar su vagina a Pedro Juan y Diego, sino que protegerla, y no entregarla, aunque ella hirviera, ahi el desprecio, desprecio a la calentura humana, al deseo, a la locura y al orgasmo libre de filosofías y metafísica.
Pocos, o pocas mujeres leyeron la obra de la Maruja. La llamaban la acomplejada con vagina de hielo. Pura envidia nomás, marujita, le decían algunas damas de edad que ellas, eso no es ilusión, eran vírgenes. Tan cuidadosas la mujeres de antes..., tan damas..., pero cartuchas... decían las jóvenes de hoy.
La Maruja, corría por el techo de su casa... los cabros, esos pajeritos de escuelas publicas, juntaban memoria para irse luego al water de su casa y tirarse una buena masturbación en nombre de la Maruja. Las madres de los críos, esas si que eran hociconas: " tan creída la güeona y se vio en su vientre una cicatriz así de larga que, sin duda, fue por las cesarías que tuvo"... Eso se decía en Santiago, que la Maruja andaba vendiendo pomada y era más peligrosa con la vagina que con una ametralladora.
!Hocicón el vecindario!, la Maruja había tenido graves problemas al estómago, tres veces abierta y tres veces cerrada..., la locura no es permitida en la patria, si lo haces, tienes que analizar bien tus pasos, le dijo un loco a la Maruja, porque el orate nunca enloqueció sino que quiso ser diferente a todos los otros y, aquí la suerte es igual para todos, (no como el pajeo que la justicia es igual para todos) el loco era el director de una casita de orate en la capital.
En fin, la Maruja, eso lo cuento, estaba virgen, y, para los que tengan dudas, pues, en el desprecio de su sexo, hay que luchar tanto, y, si una tarde de verano siente calentura, no hay mejor cosa que empelotarse y correr por los techos... !santo remedio!... porque si no lo ha vivido, bueno, disimule ser virgen y corra, corra y corra hasta que usted decida, seguir virgen o vivir una vida normal, aunque nadie sabe que mierda es una vida normal.
Maruja, eso lo digo con felicidad, se casó virgen y, su esposo, brasileño, jugador de un club en Italia, también era virgen. Fue el mejor regalo que se hizo en su casamiento. El idealismo, señores, había triunfado.