La historia de amor que marcó al líder cubano La mujer que Fidel Castro no pudo tener
Se conocieron en México. Ella era una joven rebelde y él un exiliado que intentaba derrocar a Fulgencio Batista. Vivieron nueve meses de romance, arrancando de la policía e ignorando a quienes la consideraban un atentado para las ideas contestatarias. Un amor perfecto hasta que ella lo dejó plantado antes de casarse. Ésta es la única revolución que Castro no pudo lograr....
Puesta online a las 9:31, el 30 de Noviembre del 2008
Domingo 30 de noviembre de 2008
Por Alejandra Carmona / La Nación Domingo
La historia de amor que marcó al líder cubano
La mujer que Fidel Castro no pudo tener
Se conocieron en México. Ella era una joven rebelde y él un exiliado que intentaba derrocar a Fulgencio Batista. Vivieron nueve meses de romance, arrancando de la policía e ignorando a quienes la consideraban un atentado para las ideas contestatarias. Un amor perfecto hasta que ella lo dejó plantado antes de casarse. Ésta es la única revolución que Castro no pudo lograr.
Una foto. Néstor Almendros, un talibán de la cámara, sólo quería una foto. Un primer plano de los jóvenes cubanos que habían sido capaces de asestar un golpe al dictador Fulgencio Batista con una acción que pasó a la historia como el "asalto al cuartel Moncada". Habían salido de Cuba gracias a un armisticio y tres años después de esa primera advertencia armada, estaban detenidos en una cárcel para inmigrantes en Ciudad de México.
Isabel Custodio, una adolescente, esperaba a la distancia a su amigo fotógrafo. El muro alto de la cárcel y una fila que recorría cuadras, la obligaron a esperar en una esquina, hasta que intentó buscar un baño.
Cruzó el patio de la cárcel ubicada cerca del barrio de Reforma, de ida y vuelta, regalando su cuerpo insolente y sus ojos bravos a la alicaída tarde presidiaria. Inocente. Había dejado España y se había instalado en México 11 años antes, gracias a la política de puertas abiertas herencia del Presidente Lázaro Cárdenas para las víctimas del franquismo. Mientras caminaba veía puertas desvencijadas y ventanas derruidas, sentía olor a cárcel y encierro; y a los lejos, observaba la cámara de su amigo Néstor que azotaba de flashes los rostros de los jóvenes rebeldes.
De esa tarde de fin de semana no recuerda nada más que un grupo de revolucionarios con dos meses de prisión en el cuerpo, el olor nauseabundo de los baños y los disparos de la cámara.
Entonces, Néstor Almendros no sabía que llegaría a convertirse en un prominente director de fotografía. Isabel tampoco sabía que su simple paseo por el patio de la cárcel, encendería una historia donde el amor y la revolución caminarían de la mano.
Un burguesita rebelde
La sesión había sido un éxito. Los tres rostros más importantes de la incipiente revolución cubana estaban inmortalizados en el lente: los hermanos Raúl y Fidel Castro y el "Che" Guevara aparecían como tres idealistas empecinados en alcanzar la liberación de la isla. Entonces, Néstor le hizo una confesión a Isabel.
-¿Viste a ese que se llama Fidel Castro? le preguntó. Es el líder de la revolución, el que lideró el asalto al cuartel Moncada. Te vio cuando caminabas por el patio. Me preguntó quién eras. Yo le dije que eras exiliada, mi amiga y me pidió tu teléfono.
-¡Cómo se te ocurre darle mi teléfono a un desconocido! -reaccionó Isabel con ira. Aunque ella sabía que no pasaba inadvertida.
Isabel era una estudiante de Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de México (UNAM), pero bien podría haber sido una modelo que combinaba sin prejuicios su belleza soberbia, las clases y las ideas revolucionarias.
Quizás Fidel intuyó la mezcla explosiva cuando apareció el lunes siguiente en la puerta de su casa.
-Yo estaba viviendo en la casa de una amiga cubana cuando él tocó el timbre. Comenzamos a salir en ese mismo instante. Él era un hombre muy idealista, guapo y gracioso, un total desconocido, pero estaba seguro de que lograría derrocar a Batista y convencía a todos con su discurso. Tenía un gran carisma.
Ambos coincidían en algo: se querían comer el mundo. Él soñaba con una Cuba libre y ella repartía su tiempo entre los estudios, conferencias revolucionarias en la UNAM a las cinco de la mañana y acompañaba a las mujeres de las fábricas que necesitaban hacerse abortos.
FOTO_01 W:170 H:198 13 kbDesde ese día lunes no se separaron más.
-Vivíamos donde podíamos. La policía sabía que estos guerrilleros estaban planeando la revolución cubana y no nos dejaban en paz. Nos perseguían sin descanso. Con Fidel tuvimos que dormir donde nos encontrara la noche. Fue un tiempo de mucha compañía y sueños. En la casa de mi amiga cubana escondíamos armas, que se compraban en el mercado negro. Un día llegó la Policía y tuvimos que saltar el muro y escapar por las azoteas de las casas colindantes. Pero ni la falta de comida ni el tiempo duro nos asustaban. Yo sabía que estaba luchando por lo que creía.
Isabel no se separaba de Fidel. Lo acompañaba donde fuera, aunque con sus vestidos y sus piernas perfectas no lograba convencer a los duros compañeros de Castro que sentían que el combate la tenía a ella como una contrincante casi tan fiera como el dictador que ejercía el poder en la isla.
-El "Che" no me quería nada y se lo decía a todos, incluso en mi cara. Él decía que la única novia que podía tener Fidel era la revolución. Eso me trajo muchos problemas porque él creía que yo era una niña burguesita, que me ponía tacones y que no iba vestida como una compañera rebelde. Pero yo me defendía diciendo que no era una contradicción. Se puede ser muy revolucionaria con tacones también. Lo que importan son las ideas.
Cuando el padre de Isabel -un dramaturgo y militante del Partido Comunista que también había vivido en Cuba- se enteró que el novio de su hija era Fidel, puso el grito en el cielo. Él ya sabía que la joven estaba completamente seducida por las ideas revolucionarias, pero también sabía que el peligro estaba a la vuelta de cualquier esquina.
Bastó con que el padre de Isabel se encontrara con Castro para que su oposición se desvaneciera. Un día, el joven Fidel llegó hasta su casa y le contó una historia que lo convenció: quería entrar a Cuba en un barco, de la mano de su hija, y derrocar a Batista. "¡Cómo vas a llegar en un barco, con un tiro te van a matar!", le dijo el hombre incrédulo. Y Castro, desafiante le contestó: "Pero también puede ser que sea un éxito y que la revolución triunfe. De todas maneras, yo me voy a casar con su hija".
La despedida
Fidel Castro tenía entonces dos certezas: que lograría vencer al dictador y que Isabel era la mujer con quien quería compartir su vida.
Ya había ideado un plan para entrar a Cuba. Junto a un grupo de amigos exiliados mexicanos al que llamaron Movimiento 26 de Julio había logrado una gran adquisición: un yate norteamericano al que apodaron Granma. Sólo faltaban más armas.
Una noche de noviembre, en una fiesta en casa de unos amigos comunistas en el Pedregal de San Ángel un lugar exclusivo en el Distrito Federal Fidel debía reunirse con el juez que lo casaría con Isabel. Tenían que planear la fecha y los detalles de la boda, antes de partir a Cuba. Era su segunda preocupación; la primera, era conseguir armas para el momento del desembarco.
Esperó paciente esa noche a Isabel, pero nunca llegó. Antes de conversar con el juez, se enteró por sus amigos que ella había dejado un mensaje. No se casaría con él. Castro quedó desconcertado y abatido, pero entregado a su primera novia: la revolución.
Después de más de medio siglo, Isabel aún no quiere contar qué pasó realmente después de esa noche que los separó para siempre. Nunca más se volvieron a ver ni a hablar. También se niega a comentar acerca de la figura mundial en que Castro se convirtió tras su separación.
-Yo sólo puedo decir que fueron nueve meses de felicidad completa -revela, el mismo tiempo que está comprimido en un libro que escribió contando el romance y que podría tener una segunda edición. Desde su casa en La Condesa, un barrio trendy del DF, sólo accede a relatar los mismos detalles que quedaron impresos en "El amor me absolverá". El título parafrasea el documento con que Fidel Castro se defendió por escrito en el juicio en su contra por el asalto al cuartel Moncada: "La historia me absolverá".
Después de esa noche de noviembre, de ese instante en que Fidel quedó desarmado frente a la partida de Isabel, la única revolución que no pudo alcanzar, siguió adelante con sus planes. El 2 de diciembre de 1956 llegó cerca de las playas Las Coloradas en el yate Granma para comenzar las luchas guerrilleras que terminarían en la revolución cubana.
El desembarco fue un éxito. Fidel, el héroe; la caída de Batista; Cuba libre; el "Che" y los sueños. Todo un revoltijo en la cronología donde no se da cuenta de la ausencia de una tripulante.