PATRICIO AYLWIN NO MERECIO SER PRESIDENTE DE CHILE. Pablo Varas Hay un Chile antes del 11 de septiembre de 1973 y otro de
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Puesta online a las 22:06, el 03 de Diciembre del 2008
PATRICIO AYLWIN
NO MERECIO SER PRESIDENTE DE CHILE.
Pablo Varas
Hay un Chile antes del 11 de septiembre de 1973 y otro después del golpe de estado que encabezó Augusto Pinochet.
Cuando Patricio Aylwin asumió como presidente Chile en 1990, luego de tantos años de violenta dictadura, era fácil suponer que era el hombre indicado para asumir aquel gesto institucional. Nadie mejor que él podía iniciar el recorrido que dejaran señalados los militares. Era el político que podía consolidar el modelo que está actualmente vigente, este modelo excluyente, sectario, y que abiertamente da respuestas a las demandas que proponen siempre los empresarios y los militares, que finalmente tanto agradan y dan garantías al departamento de estado norteamericano.
Tenía que ser Patricio Aylwin y el Partido Demócrata Cristiano, porque ellos habían sido la bandera de lucha contra el gobierno elegido democráticamente en septiembre de 1970. Sus militantes habían pedido en el Congreso de esa colectividad, que se realizó algunos meses antes del golpe, que había que preparar las condiciones para que las Fuerzas Armadas quebraran la constitucionalidad, aunque lo nieguen muchas veces. Está demostrada la ayuda en miles de dólares que les llegaban desde los Estados Unidos, para la campaña del terror, para financiar sus revistas y diarios, para financiar huelgas y atentados terroristas.
El Partido Demócrata Cristiano convirtió al Congreso Nacional en un foco de agitación para la inestabilidad, de manera permanente. Todos sus diputados se olvidaron de las enormes coincidencias que existieron entre el programa de Tomic y el de Allende. Los diputados del PDC votaron la inconstitucionalidad del Gobierno Popular, eran sus diputados que acusaban una y otra vez a los Ministros del Gobierno.
Patricio Aylwin era el presidente de la Democracia Cristiana y como presidente sus aliados más cercanos fueron el Partido Nacional, Patria y Libertad y la CIA. Este político sabía de las maniobras golpistas, estaba informado de los ruidos de botas al interior de los cuarteles. Para que eso sucediera, él y su partido habían trabajado.
El Mercurio -diario que también recibió dólares norteamericanos- lo destaca como un hombre de paz, llegando a insinuar que se trataría de un estadista, un hombre de futuro y ejemplo para las nuevas generaciones.
Recordemos que pasados algunos días después del golpe militar, las FFAA consideraron que era necesario que salieran al extranjero políticos del Partido Nacional, pero especialmente Demócratas Cristianos, sindicalistas, hombres públicos de periodos anteriores, como Eduardo Frei, para justificar el golpe y lo necesario que fue para el país y de cómo Chile se convertiría en un ejemplo de paz y bienestar, en todo el contexto Latinoamericano. Ninguno de los “voceros de la dictadura”, mencionó siquiera el allanamiento del que había sido objeto la casa del Cardenal Silva Henríquez y de que era vigilado por los militares.
Patricio Aylwin sabía que el Estadio Nacional se había convertido en el recinto de prisioneros más grande del país, sabía que se estaba aplicando la tortura, sabía que se habían cometidos asesinatos.
Patricio Aylwin sabía que Gonzalo Vial había escrito el famoso “libro blanco”, donde mencionaba un supuesto “Plan Zeta” y que sirvió para justificar los crímenes cometidos por los militares. Patricio Aylwin, lo nombró como unos de los “hombres buenos” para elaborar el Informe Verdad y Reconciliación. Sin embargo, nunca este historiador se ha disculpado por su aporte a la masacre que desataron los uniformados.
Tiene razón El Mercurio, y los que saludando al ex presidente de Chile, mandan el mensaje que pedir un golpe militar no es condenable, que la historia lo puede rescatar como un hombre de paz, como el político justo, que solo pide justicia “en la medida de lo posible”, y no faltarán los que pidan se le levante una estatua. Es la justa retribución que le dan los que sostiene los poderes fácticos que existen en Chile, esos enclaves que el actual bloque en el gobierno no quiere tocar, porque les ayuda y los mantiene en el poder.
Patricio Aylwin debe saber que la historia y nuestra memoria, no son las páginas de El Mercurio.