El caballero de la torre Tajamar Primer capitulo. Nació en una torre abandonada y, al crecer, se hacia llamar el
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Puesta online a las 12:38, el 04 de Diciembre del 2008
El caballero de la torre Tajamar
Primer capitulo.
Nació en una torre abandonada y, al crecer, se hacia llamar el caballero de la torre Tajamar. Era analfabeto. Su profesión, peluquero callejero, mejor dicho, en la cárcel aprendió a usar las tijeras y le cortaba el pelo a los reos. Trapicheaba hasta con el viento, era bestial y, a veces, sensible. En las poblaciones pobres afeitaba hasta a los perros con tiña. "El barbero de la muerte" lo llamaban porque él nunca se enfermaba o se infectaba. Una tarde, en la calle la Feria, fue a cortarle el pelo a un vendedor de calugas de las micros de la ciudad. El charro, - hombre pequeño, cuerpo de príncipe y bailador seco porque no bebía en las fiestas y sólo tomaba agüita -, lograba vender cientos de calugas al día gracias a su potente oración de frente a los pasajeros. Un orador de las micros, un poeta de las calugas porque valorizaba su trabajo y hasta los comparaba con un boabad, cosa que los pasajeros no entendían pero el, charro, explicaba, con pelos y señales, y les decía que las calugas para los regalones fueron vendida por un hombre con la fuerza de un árbol africano, por eso, lo del boabad, aunque el vendedor de calugas era más chileno que los porotos y nunca había visto un boabad. Mientras el caballero de la torre, afeitaba al charro, llegó el indio, un muchacho que vendía sapolio en las poblaciones. Tres hombres chilenos con tres historias diversas. El caballero de la torre, lo sabemos, nació en el techo de las torres de Tajamar. Su madre, una mujer sureña, al quedar embarazada por el señorito, hijo de la patrona, pues, a los nueve meses de embarazo se le ocurrió matarse. Fue la subida por las escalas que le aceleraron el parto porque pensaba tirarse de tirarse de la torre y a la mierda el mundo, el señorito, la patrona tan cuica que era más cochina que chanchito en barro. Adiós Santiago querido, a la cresta los planchados con planchita a carbón; adiós al lavado de sábanas con aguas frías y manos entumidas; adiós a las reparaciones del water que siempre se tapaba por culpa de la cochina de la patrona porque botaba todo en la taza y no sacaba la basura a la calle; adiós, tiki-tiki-tik, porque el sur no es más sur sino que es de señoritos rubios y de habla rara..., adiós mamita y papito, me mato, no por causas de mi embarazo sino por la forma que tuve mi embarazo..., y bueno, puro canto nomás porque su bebé se le adelantó y evitó que se matara. Ahí, al centro del techo de la torre, vomitó a su hijo. Era lindo el guacho. Cabecita negra, ojitos medios chinos y cuerpo de monito. Era lindo verlo llorar. !Puta que lloraba! parecía pedir socorro porque sabia que su madre andaba en la onda suicida. Al centro del techo de la torre un pozo de sangre. Un helicóptero que pasaba por puro caso por ahí, al ver a la mujer tirada en el centro del techo y llena de sangre con su crío entre las piernas, dio la alarma.
!Puta la güeaaa! la mujer no sabía ni su apellido. "Me llamo como me puso el cura" respondía, en el hospital. Su patrona negó que la mujer trabajaba en su casa y dijo que nunca la había visto. En fin, sin nombre ni apellido, pues en el hospital la llamaron "Madam Tajamar". Al hijo, bueno, lo bautizaron como, "Torre Tajamar". El tiempo de recupero fue corto y la, Madam Tajamar, fue dada de alta. Sin casa ni cama, dormía a orillas del Mapocho. Una noche, mientras pedía limosnas en el barrio chino, un hombre, piadoso, se la llevó a su casa. Era un inspector de policía. Hombre del sur, agradable con los honrados y cruel con los malvados. Un Zorro en todos los casos. Torre Tajamar no se comprometió en nada y menos con las letras. Se enzarzaba con su propia confusión. Creció rebelde. Se comportaba mal. Era atrevido con el inspector. Al crecer, eso se comprobó, fue cómplice de una asalto a una fuente de soda de la ciudad y, por tonto, fue mandado a la cárcel. En el penal se dio cuenta que había cometido un error. En el penal habló con sus amigos de celda y les pidió que se dejaran cortar el pelo con sus tijeras, en el penal, pudo seguir cortando cabellos a Pedro Juan y Diego.
Al salir de la cárcel no encontró a su madre: ella y el inspector se habían ido al sur. Torre Tajamar conoció al vendedor de caluga en la micro, Recoleta Lira. Le compró un par de calugas y le dijo que si quería le cortaba el pelo en la misma micro nomás. El vendedor aceptó y, manos a la obra. Nunca se había visto cortar el pelo en pleno recorrido de la Recoleta Lira. El pasajero santiaguino, cagao de la risa en la micro, aplaudía la idea. Se hicieron amigos. Torre Tajamar dormía en una hospedería de la calle Copiapo. El vendedor de caluga en una casita de tabla de la Feria. Poco a poco el Torre Tajamar se hizo de un capital. Compró tablas, fonolas y puertas y armó su casa a los pies de una muralla de un sitio abandonado en lo Valledor. No fue una toma de sitio ni nada..., "Si nací en una torre, pues ahora moriré en un corral", decía a sus clientes. El terreno nunca tuvo dueño, o lo tuvo pero no se supo. Torre Tajamar arrendó parte del sitio y al poco tiempo habían doce casitas de tabla en el barrio. Arriendo a la chilena. Corriente gratis y agua gratis. Ahí o allá se colgaban de los cables públicos, y el agua llegaba de un grifo de los bomberos. !Water dobles! Na de uno solo. Water dobles, dos water en un uno y se podía cagar dos veces si se quería, una vez en el casi lleno, o la otra en el casi rebasado. En el sitio del Torre Tajamar, se creó la secta, revolución apostólica. Sepa Dios que cresta era esa secta, pero bueno, nunca hicieron nada, y tampoco hubo teología y estudios de materialismo o una cosa romántica... en fin, la secta era una güevada sin patas... el capricho de Torres Tajamar, era ser el pipa de la oración pero no tenía dedos pal´piano.
Fue el vendedor de calugas que lo aterrizó. “Para vender credos, Torres Tajamar, debes hacerlo como yo lo hago con las calugas. Ser irreal, incierto, cachiporro, superficial y también aparente. En la vida hay que ser gallo; seccionar el problema, escindir el desmoronamiento de la sociedad, cachai?”