Nosotros y la crisis economica actual. El transcurso de los años nos permite mirar hacia atrás y preguntarnos si otrora ...
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Puesta online a las 21:51, el 08 de Diciembre del 2008
Nosotros y la crisis economica actual.
Juan Carlos Chirgwin para Chileinforma.com
El transcurso de los años nos permite mirar hacia atrás y preguntarnos si otrora pudimos imaginarnos algo de lo que ahora vivimos. Y bien, hace unos 150 años que la idea de las crisis progresivas del capitalismo fue anunciada, y que leímos por primera vez quizás 50 años atrás. Pero el sistema ha resultado resistente y sus sacerdotes legales y financieros han demostrado una capacidad innovadora e ingenio para curar sus tropiezos y flaquezas, pero sin que esto permita que su finalidad inmediata sea el bien común. Así este sistema ha logrado sobrevivir y quizá nuevamente lo haga en 2008. Sus cimientos son muy sólidos porque reposan en el sistema de valores y creencias que cada uno de nosotros llevamos dentro. Es un sistema que nos ha sido trasmitido por generaciones y que se ha ido reforzando enormemente, sobretodo a partir de 1970 en adelante.
Así tenemos que nuestra aceptación de manejar “dinero” para facilitarnos el intercambio comercial – una convención práctica - ha tenido profundas consecuencias que no fueron anticipadas oportunamente. El peor paso en falso fue: primero, aceptar el tipo de “dinero ficticio” sin ningún valor inherente, y luego aceptar que pudiera “circular” sin tener ningún respaldo real. Y hoy somos prisioneros del “dinero”, puesto que no anticipamos cuanto más fácil resulta el concentrar dinero en pocas manos, comparado con acumular otros bienes. Tampoco anticipamos que otorgar la capacidad de reproducción a un ente no vivo como es el dinero, a través del pago de interés, llevaba a un proceso anti natura que permite “producir dinero sin tener que trabajar”. Esta segunda convención comercial ha multiplicado aún más la facilidad de concentrar dinero en pocas manos.
Estos dos mecanismos iniciales que aceptaron nuestros antepasados, y que nosotros todavía NO cuestionamos, se han reforzado posteriormente por el intermedio de “instituciones” y de un “aparataje legal” que al ligarse con los centros de poder político pasan a crear el “núcleo económico’’ DE y PARA la “plutocracia”. Las instituciones claves son la banca, la bolsa de valores y los poderes políticos que crean y aplican las leyes que les prestan apoyo a la “economía del dinero artificial”. Una vez más somos nosotros mismos que al entregar nuestro dinero a los bancos, renunciamos a ejercer el poder que aporta el dinero, confiándolo a banqueros. Estos depósitos crean en la comunidad un clima de falsa confianza, que es además afianzado con “leyes del negocio bancario”. Los depósitos en banca le permiten ofrecer préstamos que le pagan buenos intereses. Además la banca puede prestar cantidades muy superiores a los depósitos.
Y nosotros que despositamos NO reclamamos ningún derecho sobre la ganancia que los bancos cosechan con nuestro dinero, aceptando en cambio el pago de bajísimos intereses.
Otro embudo para concentrar dinero son las bolsas de valores. Aquí el “factor de riesgo” sirve de seducción al apetito ambicioso del jugador. Si bien algunos accionistas se limitan a recibir el pago de intereses por sus inversiones, aquellos que controlan el sistema bursátil pueden especular y obtener enormes ganancias sin incurrir en el mismo riesgo que afecta a la gran masa de inversionistas, ya que ellos disponen de acceso a información privilegiada.
Estas instituciones: la banca y la bolsa, le confieren al dinero artificial un poder supra humano. Esto permite una fuerte concentración de dinero y la creación “legal” de dinero nuevo. ¡Finalmente alguien inventó la piedra filosofal!...con la inestimable ayuda de nuestra ingenuidad y los arrebatos de ambición que nos provoca la oferta de billetes de lotería. Mientras no reconozcamos nuestro auto-engaño sobre un sistema económico que no reposa sobre los recursos naturales y reales, sino que sobre una “convención” sin valor real como es este “dinero”, nos seguirán penando las “complejas e inexplicables catástrofes financieras”. Nuestras penurias no yacen en malas estrellas, nosotros mismos las causamos.
Si bien los tiempos que corren no son agradables para la gran masa que habita este planeta, esto no debe deprimirnos. La confianza en las mejores características del ser humano y en una comunidad solidaria nos ha salvado en el pasado de tristes situaciones. Confiemos pues que vendrán días mejores, pero para que ello ocurra se precisa de nuestra reflexión y nuestro esfuerzo por cambiar el curso de la historia. Carpe diem !