LA CRISIS DEL ORIENTE MEDIO Y EL “NUEVO” SISTEMA MUNDIAL.2. REFLEXIONES SOBRE LA COYUNTURA CUBANA
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Puesta online a las 19:40, el 26 de Agosto del 2006
1. LA CRISIS DEL ORIENTE MEDIO Y EL “NUEVO” SISTEMA MUNDIAL.
2. REFLEXIONES SOBRE LA COYUNTURA CUBANA
LA CRISIS DEL ORIENTE MEDIO Y EL “NUEVO” SISTEMA MUNDIAL.
La noticia que ha ocupado la primera plana noticiosa en las últimas semanas, sigue siendo la creciente inestabilidad en el oriente medio. Si George Orwel, el famoso autor de la novela 1984 resucitara consideraría que su profecía se ha cumplido, en un contexto diferente al que había planteado. En efecto el autor anarquista consideraba que la situación de guerra permanente que justificaba la existencia de un régimen oligárquico estaba ligada a los conflictos no resueltos de la segunda guerra mundial. En este caso, y de manera creciente podría interpretarse la situación de guerra latente que parece animar no sólo Washington sino que además una serie de otras capitales también sirve para mantener en tensión el sistema mundial. Sin embargo, como ocurre generalmente, las aproximaciones son engañadoras y la ficción se queda corta ante la realidad. A pesar de ello, no existen, como en el pasado teorías que expliquen lo que ocurre en el mundo de hoy. Existe una creciente complejidad de la realidad y multiplicidad de interpretaciones de corto alcance. Se trata de una situación que ilustra las características del “nuevo sistema mundial”, sus contradicciones, sus mitos y sus realidades. Veamos algunos elementos de un debate que apenas comienza a hacerse.
El Oriente medio con la guerra entre Israel y el Líbano continua siendo un frente de guerra caliente del sistema mundial que es difícil asimilar al otro frente de la guerra contra el terrorismo en el ámbito mundial, porque está ligado al viejo conflicto sobre la tierra de los palestinos y el reconocimiento de Israel. Lo cierto es que el resultado de la guerra refleja un cambio de relaciones de fuerza desfavorable al Estado de Israel. Israel no pudo conseguir su objetivo de debilitar Hezbola, los daños infligidos al Líbano fueron enormes y la perdida de credibilidad para el gobierno israelí ha sumido el país en una crisis política. El fin de hostilidades acordado con la resolución 1701 del Consejo de seguridad de la ONU establece un situación está lejos de ser una situación temporal. Refleja un estado de cosas en el que para asegurar su frontera Norte, Israel debe contar con el apoyo de la organización de las Naciones Unidas.
El problema es que las fuerzas de interposición por parte del ejército libanés ayudada por la fuerza de la ONU, la FINUL no harán sino mantener la situación hasta que se establezca una nueva relación de fuerzas basada en la guerra de posiciones que guía el conflicto israelo-árabe. Lo cierto es que el efecto mayor del fracaso de la iniciativa de Israel está en que el plan de los halcones de la Casa Blanca de preparar las condiciones para atacar Irán como parte de su campaña por evitar que el país de los Hayatollahs se procure la bomba atómica y que sigue paso a paso en el Consejo de seguridad de la ONU, no tuvo el efecto inmediato esperado. En ese marco, pese a que la ONU insiste en evitar que Irán obtenga la bomba atómica que ya poseen Israel, Pakistán y otros países de la región, la situación no podrá decantarse en los próximos meses o ser usada con vistas a mejorar la posición de los republicanos para las elecciones parlamentarias de Noviembre en Estados Unidos.
A ello se agrega el creciente empantanamiento de Estados Unidos en Irak, donde, aunque algunos todavía planteen que puede producirse una guerra civil, lo cierto es que esta ya existe y cobra decenas de vidas cada día. La imposición de la democracia como un producto de exportación que ya viene embalado y listo para ser usado ha fracasado totalmente en Irak. En este marco, el mantenimiento del conflicto de Irak, que obedece a una dinámica de guerra distinta de la de la guerra contra el terrorismo a nivel mundial, es una característica central de la situación actual.
Por su parte, en cuanto al conflicto en Afganistán que está mucho más cercano al de la guerra al terrorismo y se inserta en una reacción apoyada por las Naciones Unidas en el marco de las simpatías de la comunidad internacional con el pueblo estadounidense en el marco de los atentados suicidas del 11 de septiembre de 2001, ha perdido mucho lustro. Ahora las tropas de la OTAN y principalmente canadienses, está sufriendo los costos de una guerra local de resistencia que recuerda la reacción de los afganos frente a la ocupación soviética en los ochenta. Lo cierto es que allí también la exportación de la democracia “prete à porter”, tampoco parece dar resultados y se calcula en lustros el tiempo que llevará para estabilizar la situación.
En este marco, se agregan la resurrección de amenazas de atentados terroristas descubiertas en Inglaterra que se unen a otras situaciones anteriores que si reflejan que se ha banalizado la utilización de los civiles como frente de batalla. El problema es que aunque las amenazas parecen ser evidentes, lo único que demuestran los atentados y las amenazas de atentados, es la falta de proporcionalidad de las medidas adoptados, o bien su carácter exclusivamente represivo y su fracaso en asegurar un mundo más seguro. En ese contexto es difícil prever un fin de este tipo de situación porque ellas permiten alimentar en Toronto como en Madrid, como en Londres y otras latitudes el sentimiento de inseguridad que se ha transformado en una de las fuerzas motoras de la política internacional.
Esta situación dramática que se quiere aparentar como de guerra global, deja de lado que existen regiones enteras que aparecen alejadas de este tipo de conflicto y que sufren las medidas de seguridad pero que desmienten la naturaleza mundial que podría tener el conflicto. El llamado conflicto de civilizaciones que planteaba Huntington, parece entonces ocupar terrenos importantes pero limitados del sistema mundial. América latina aparece excluida de esa situación, ocurre lo mismo con gran parte de África, también China y su países aledaños.
Lo importante sin embargo es que esta situación de guerra que puede ser circunscrita a territorios definidos, sirve para ocultar en la esfera internacional la existencia de numerosos problemas, ligados a tendencias profundas del sistema mundial como es el tema de la dominación por parte de las multinacionales que benefician de la guerra, pero que también benefician de otras situaciones. También se ocultan los debates sobre el tema de las migraciones como uno de los fenómenos más importantes de nuestra época, producto del latente conflicto Norte-Sur y la explosión de las comunicaciones. También oculta que la economía mundial vive uno de sus más largos periodos de desarrollo sostenido gracias a la incorporación de nuevos actores a la economía mundial como es el caso de China y de la India. También oculta la persistencia de las desigualdades profundas en el sistema económico mundial producto de la aplicación de las políticas neoliberales. Hasta cierto punto, deja de lado la importancia de los debates sobre la mundialización y sus efectos desastrosos sobre las economías nacionales.
La extensión de los conflictos en la región del medio oriente oculta incluso lo que los expertos en conflictos consideran, de manera relativa como un periodo de los más calmos desde el punto de vista de existencia de conflictos en el sistema mundial. En efecto, los conflictos han disminuido en número en África, y en América Latina y en Asia. También en la Europa del Este. Esto no significa que las tensiones y los problemas disminuyan pero que los conflictos abiertos entre países o bien al interior de los países han perdido intensidad relativa. Esta es la constatación de diversos expertos.
El problema de todos estos mitos, realidades y confusiones de análisis del sistema mundial que reflejan el resurgimiento de la importancia de los análisis político-militares es su pertinencia para comprender las tendencias del sistema mundial, más allá de los acontecimientos y en algunos casos, sin desmedrar la importancia, de cuestiones que a veces son de nivel policial.
En ese marco, la pregunta sigue planteada, como puede analizarse el sistema mundial en esta era post-guerra fría. Se trata de un debate fundamental que por el momento aparece hundido en el flujo de noticias que asemeja a una situación en que los árboles no dejan de ver el bosque. En esta medida el tema del enfoque en el análisis del sistema mundial, es fundamental.
REFLEXIONES SOBRE LA COYUNTURA CUBANA
Una de las noticias que ha ocupado la escena internacional en las últimas semanas es la coyuntura cubana creada por la enfermedad del presidente cubano Fidel Castro y el traslado de sus funciones a Raúl Castro y a otros líderes del gobierno cubano. A pesar de que muchos analistas, comenzando por los de la prensa ligada a las grandes agencias noticiosas, plantearon que se vivía un fin de régimen la realidad ha mostrado que el mito del carácter dictatorial del sistema cubano se desplomó nuevamente, revelando que a pesar de las evidentes dificultades de un país en desarrollo, el pueblo cubano apoya el proceso revolucionario cubano.
Es necesario destacar sin embargo, que ha nivel internacional es una coyuntura que no ha dejado a nadie indiferente. Puede afirmarse que vista de América latina y de los países del tercer mundo, la sola existencia del proceso revolucionario cubano ha sido y seguirá siendo uno de los hitos importantes de la lucha de los pueblos por dotarse de sistemas de gobierno y políticas que respondan a las necesidades de sus pueblos. Este componente ha sido fundamental en la solidaridad para con el pueblo cubano y de agradecimiento precisamente por su contribución con médicos y otros apoyos a los países, cada día más numerosos que estrechan las relaciones económicas y políticas.
Es indudable que existen muchas lecturas del proceso revolucionario cubano. Para la administración Bush y sus aliados de Miami, se trata de una dictadura que ya era anacrónica desde sus inicios hace 40 años y que Fidel Castro es un dictador que se debe derrocar sobre todo porque no es un amigo de Estados Unidos. De otro modo no podría explicarse que Washington haya mantenido y mantenga hasta hoy relaciones privilegiadas con centenares de dictadores que los Estados Unidos han apoyado y siguen apoyando. Algo de ello está ligado al llamado destino manifiesto o la llamada Doctrina Monroe enunciado por un presidente de Estados Unidos hace casi 200 años definiendo que América latina les pertenece. Con la excepción de Cuba, han bloqueado exitosamente la consolidación de otros procesos revolucionarios y de transformación social que las masa populares han intentado establecer. Por ello su más reciente propuesta de ayudar a una transición a la democracia en Cuba aprovechando la coyuntura es una nueva cara de la política de destabilización y de intervención que busca imponer sus dictados, como lo han hecho en otros lugares del mundo. Nada nuevo entonces desde esa perspectiva.
Para otros, como los Europeos, que consideran que el bloqueo ha justificado lo que consideran como la mano de hierro de Fidel Castro en materia de derechos humanos, la política a segur es más suave, pro ella de todos modos persigue el fin de la experiencia cubana socialista y de liberación nacional. Para ellos se trata de una oportunidad de ver una transición pacífica hacia un gobierno que consideran normal, que no contaría con presos políticos y que permitiría la entrada de Cuba al sistema capitalista mundial de manera más abierta aunque el sistema económico cubana se encuentra crecientemente imbricado con el sistema mundial, estando lejos de una situación de autarcía.
Otros sectores, antiguos socialdemócratas o socialistas o izquierdistas, desengañados de las experiencias socialistas del Este europeo y del fin de las ilusiones de izquierda. Aquellos que han abrazado el mundialización neoliberal como única alternativa realista y que gobiernan a la derecha del espectro político aunque conserven nombres socialistas, ellos esperan la caída de régimen cubano para confirmar sus desilusiones, y el realismo o pragmatismo de sus actitudes frente al poder.
Otros aún, desde posiciones de izquierda en gobiernos nacionalistas populistas o movimientos sociales, siguen defendiendo la existencia de Cuba como un ejemplo que permite reforzar las propuestas de la nueva izquierda nacionalista e indigenista en América latina. Por supuesto están los que consideran que la experiencia esta desfasada de los nuevos desafíos ecológicos, de identidad y de sociedades postmodernas que han eliminado de sus radares la experiencia cubana.
Mas allá de esas interpretaciones, las adaptaciones de Cuba luego del periodo especial confirman para las izquierdas las posibilidades de levantar alternativas económicas que tienen sensibilidad social y que mantienen el sistema político. Para algunos que tratan de teorizar, de allí viene la creciente popularidad de algunas tesis de las viejas escuelas conocidas por el nombre de las ciudades Europeas donde nacieron, como la de Budapest, que planteaban la separación entre poder político y régimen económico en la etapa socialista. Un poco en el estilo de las formulaciones fallidas de Gorvatchov o de la experiencia de la Republica popular China o de Viet-Nam. Lo cierto es que valoran el componente de liberación nacional de revolución cubana como un elemento fundamental y el que haya sido flexible para mantener su popularidad.
Pese a ese abanico de opiniones, lo cierto es que la coyuntura cubana plantea de manera acuciosa el problema fundamental de la perennidad de los procesos revolucionarios, más allá de las personalidades. Una paradoja precisamente en procesos que se considera como procesos sociales y no de naturaleza individual.
Del mismo modo que contra todas los malos agüeros, la revolcón cubana ha sido capaz de pasar a través de enormes dificultades salvando el carácter de liberación nacional de su proceso y su tendencia socialista, todo indica, que el proceso de transición se realizará de manera apropiada. La coyuntura es favorable precisamente en la medida en que coincide con un nuevo ciclo de expansión de la izquierda en América latina y de resurgimiento de nuevas propuestas. Se trata de una situación que debe seguirse de cerca porque aunque, se está lejos de la situación de guerra fría que ponía al centro de las preocupaciones de la Casa blanca la existencia de Cuba, el peligro de sacar esa espina del pie del gigante imperial puede ser tentador si no existe una vigilancia de la solidaridad internacional.