El criptograma de un exiliado Hoy deseaba cambiar mi pasado. No pensar ni en los 50 mil ejecutados, ni en los de
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Puesta online a las 8:46, el 18 de Diciembre del 2008
El criptograma de un exiliado
Hoy deseaba cambiar mi pasado. No pensar ni en los 50 mil ejecutados, ni en los desaparecidos, ni en los torturados y en los exiliados. Me he comprado un sombrero elegante de color piel de camello, un abrigo del mismo color y zapatos amarillos. En Basel quise ser otro. Pasar por el hotel Hilton, tomar un vaso de champagneَe, gustar un par de aceitunas grecas y un canapé made im Suisse. Andaba con tremendas ganas de ser otro. En el hotel Hilton me abrió la puerta un muchacho indio. Me sentía el "anti-angustia". Hombre al fin y al cabo. Me sentía el hilado de todos los bohemios del mundo. El criptograma de un exiliado, el artista de los llantos o el cúbico del querer se otro. A la entrada del hotel me encontré de frente a un espejo. Quién es este huevón? me pregunté. Por qué anda con esa pinta de donador millonario de la Teletón? Mi retrato en frente al el espejo fue como una llamada telefónica. "Señor, Godosky, tiene una llamada de Chile con pago reversible, la acepta?" "Quién cresta me llamará?" A lo mejor se nos acabó el exilio y todos volvemos a casa? A lo mejor es el viejo Pascuero? Podría ser que el senador Navarro me haya llamado diciéndome que han quitado de circulación la constitución fascista?
La voz del espejo. No era querida ni amada. No era radiante ni tampoco imagen de santos. Era el trayecto del pasado. La persecución constante del exilio y de la patria. A la cresta el inventor de los espejos. La voz del perdón me llamaba. No, no, lo siento, yo soy hormiga, no puedo decir, "cierto, perdono a todos los criminales porque, bueno, se acerca navidad y antes que nazca el niño Jesús, pues, presentemos una patria limpia, sin asesinos y sin víctimas. ? Te acuerdas de tu pasado, Godosky? !Cresta, por la cresta y mil veces cresta cresta y cresta...! Por un segundo vi a mi gente, a mis compatriotas que andan recolectando cartones, recogiendo restos de frutas podridas en las ferias, a los obreros con dos pesos en sus manos y una cantidad de críos sin pan, a las mujeres, a los estudiantes, a los flaites empobrecidos que andan imantando la camorra italiana, a los curas buenos y malos, a las monjas, buenas y malas, a los pacos, buenos y malos, a los ratis, buenos y corrompidos, en fin, a las putas y maricones sin destino y reconocimientos. El paquete de navidad es eso en Chile. !Se te acabo el deseo del champagne, compañero! abraza las animas, abraza el fin y búscate una alcoba para que llenes de pilchas tus roperos. El pasado es la ley. El pasado es el juez. No importa si has hecho bien... te persigue te huevea, te deja chato de tanto recuerdo, de los degollados, de los muchachos desaparecidos, de los quemados, de la prostitución baby que hay en el terruño... !uf! Espejo maricón. He vuelto a ser yo. Hago un gesto poco generoso contra el espejo. Mi pueblo me llama. Me voy a mi taller. Todo como antes. Escucho a Víctor Jara, pinto sobre una tela a Neruda, al Chicho y Miguel Enríquez. Mi pueblo anda hambriento, me dice el retrato del Chicho. Pinto los ojos de Miguel Enríquez. Parecen ser el paraje de un jardín que nunca se pudo construir. Las manos de Neruda las pinto con tanto movimiento que no son de poeta sino que de un director de una sinfónica de maquinistas de Chile.
El espejo, digo, será vaca, pero nos hace vernos tal cual somos y no como quisiéramos vernos. Hoy, he pintado un cuadro. Hombres libres, cierto, llenan mi tela. A ellos los he puesto frente a un espejo de mi taller.