HACE 68 AÑOS EN LA ESPAÑA DE FRANCO. Pablo Varas A mediados de enero de 1940, un Consejo de Guerra dictó sentencia en con
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Puesta online a las 10:51, el 19 de Diciembre del 2008
HACE 68 AÑOS
EN LA ESPAÑA DE FRANCO.
Pablo Varas
A mediados de enero de 1940, un Consejo de Guerra dictó sentencia en contra del preso Miguel Hernández Gilaber. Fue condenado a la pena de muerte, lo encontraron culpable de haber sido Comisario de Cultura, de ser autor de Teatro de Guerra y de haber escrito en contra de fascismo, en prosa y verso.
Uno de los más altos poetas de nuestras letras, se hallaba en la prisión de Conde de Toreno (Madrid). Al enterarse de la noticia, la asumió con extraordinaria serenidad, su valor ya está probado.
La noticia de esta condena sorprendió a muchas personas, Neruda apuró su tranco, incluso entre los partidarios de Franco, corría el rumor, que matar a otro poeta no era bueno para la imagen de la Falange, los ecos del asesinato en Granada, de Federico García Lorca, sonaban violentos y acusadores… y lo seguirían siendo.
Los dignatarios de la Falange, los franquistas, los antepasados del actual Partido Popular español, pensando que todos los hombres son como ellos, le solicitaron al poeta que renegara de sus ideas, que condenara a la República, pero estaban muy equivocados. Miguel Hernández -el pastor que ingresó al Ejército Popular de la República como miliciano- les manifestó, con esa altanería consecuente de quien había leído poesía entre las pausas del combate, que dormía junto a los milicianos y que luchó de manera ejemplar, que en nada cambiaría su condición de hombre libre, que sus versos eran la mejor defensa, y la más clara evidencia de lo bello que era el mundo, al cual defendió, y que él sostenía como justo y necesario.
Los militares falangistas y el Opus Dei cuando hablaron con Miguel en la prisión, estaban frente al poeta que participó en el II Congreso Internacional de Intelectuales en Defensa de la Cultura, en Madrid y Valencia, frente al poeta que habló en el V Festival de Teatro Soviético y frente al poeta que tituló sus libros: Vientos del pueblo, Teatro de Guerra y El labrador de más aire.
Entre los vencidos siempre el hambre acecha, los ataca violento, sin miramientos.
Miguel Hernández sabe que su esposa Josefina Manresa, ha vendido la cuna de su hijo para poder comprar algunos pollos, y asegurar un mínimo de sobrevivencia a Manuel Miguel. En la prisión, él sufre lo indescriptible.
“…La otra noche me desperté y tenía una rata al lado de la boca. Esta mañana me he sacado una de la manga del jersey y todos los días me quito boñigas suyas de la cabeza; Viéndome la cabeza cagada de ratas, me digo: ¡Qué poco vale uno ya! (…) Ya tengo ratas, piojos, pulgas, chinches, sarna; Este rincón que tengo para vivir será muy pronto un parque zoológico o, mejor dicho una casa de fieras…”
Es difícil imaginar a Miguel Hernández viviendo en esas condiciones. Sus verdugos, esos que no dudaron en usurpar el poder cuando sus intereses estaban en peligro, actuaron siempre de la misma manera.
Francisco Franco ordenó aplicar el terror para España y no le importaba fusilar a inocentes. Se sacaba a los prisioneros de las cárceles y tanto hombres como mujeres eran llevados a los paredones, sin piedad alguna. Terminada la guerra, murieron más españoles fusilados, que los caídos en combate.
“…Me distraigo mucho mirando el cielo y la tierra como se ve detrás de estas rejas y los dos perales del patio que pronto darán sombra…”
A lo largo y difícil de su encarcelamiento, Miguel avanzó cada día con más esperanzas, se sabía un poeta fuerte y profundo, vital, comprometido con lo suyo, y desde allí siguió escribiendo:
Un ser ardiente, claro de deseos, alado,
Quiso ascender, tener la libertar por nido
Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado,
Donde faltaban plumas puso valor y olvido
El 8 de julio Miguel Hernández fue condenado a doce años y un día de encarcelamiento.
Durante su tiempo en cautiverio, entre pasillos, rejas y candados, escribió cartas de amor su amada Josefina Manresa, y poesía libertaria, sin dejar de pensar en sus amigos de Orihuela (Alicante). Cada noche antes de entrar al sueño, recorrió los campos detrás de las ovejas con Miguel Manuel.
Miguel Hernández murió en el Reformatorio de Adultos de Alicante un 28 de marzo 1942, tres años después de acabada la Guerra Civil. La tuberculosis se apropió de aquel buen hombre, que es el autor de la canción de cuna más bella, Nanas de la Cebolla y que junto a Elegía, es considerado el mejor poema escrito en idioma español, hasta nuestros días.
El Estado español guardó las pocas pertenencias que acompañaron a Miguel.
Enfermería:
Relación de los efectos propiedad del fallecido hoy a las 5.30 horas, Miguel Hernández Gilabert:
1 Mono
2 camisetas
1 Jersey
1 Camisa
1 Calzoncillos
2 Fundas almohada
1 Correa
1 Servilleta
2 Pañuelos
1 Par de calcetines
1 Manta
1 Cazuela
1 Bote
Pasa a desinfección, y desde allí a Almacenes de Administración.
Alicante, 28 de marzo de 1942
El oficial,
Firmado: E.L. Sanz
“Me dejan indiferente los análisis de sus obras, la observación de sus presuntos excesos retóricos porque para mi es Miguel Hernández un poeta necesario, eso que muy pocos poetas, incluso grandes poetas, logran ser. La más honda intuición de la vida, del amor y de la muerte brota de su fuente como de esas otras fuentes sin las que no podríamos pasar y que se llaman Manrique, San Juan de la Cruz, o Fray Luis, o Machado…”