Comento porque escucho y opino porque leo Alfredo Lavergne – Chile informa Antes que termine este año 2008 de verdades y men
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Puesta online a las 23:29, el 23 de Diciembre del 2008
Comento porque escucho y opino porque leo
Alfredo Lavergne – Chile informa
Antes que termine este año 2008 de verdades y mentiras, deseo invitar a chilenos y al seleccionado de lectores “Resto del mundo”, al portal real de libros de verdad gratuitos www.librosdementira.org y en especial, a la lectura del premiado por el jurado de Creación Literaria del Fondo del Libro, “El Verano sin verano” del escritor y crítico literario Camilo Marks.
“El verano sin verano” no es mejor ni peor que “La sinfonía fantástica”, así como tampoco supera a las narraciones anteriores de Camilo Marks, todas distintas, todas parecidas, en todas ellas se muestra entero y cuando quiere, se sabe ocultar, en cada una emplea un registro distinto, pero muy diferente. Aquí, yo diría que está una especie de música de cámara, al estilo de Schubert, al igual que lo estuvo en “La dictadura del proletariado”; en la última novela hay un registro sinfónico, bueno, el nombre lo dice todo, el mismo que empleó, en escala menor -digamos, una sinfonía de Berlioz o Mahler versus una de Mozart- en Altiva música de la tormenta. Nunca será un bestseller y me alegro por él y por nosotros lectores. Es mejor que no esté acompañado de “El secreto”, las confesiones y fantasías sexuales íntimas de hombres y mujeres, los manuales de aromaterapia, de feng shui, reiki, los panfletos periodísticos sin ninguna gracia del un tal Contardo, un tal Santiago bizarro, un tal Villegas, los dramones judiciales de Grisham. Camilo Marks es, y perdonen la pedantería, tal como lo dijo Stendhal, para los happy few, o como el brillante filósofo que hizo la crítica en El Mercurio, para leerlo in between.
“El verano sin verano” no tiene ningún punto de comparación con los demás cuentos de Libros de mentira. Y al decir esto, no estoy descalificando o, por el contrario, elevando el nivel de los demás. Simplemente es un relato aparte, que, a mi juicio, tal vez no debió publicarse en esta colección. De algún modo difícil de precisar, es como echarle mermelada de damascos a los porotos. Los trece relatos que le preceden van de lo bueno a lo mediocre, y, en cierto modo, tienen algunas diferencias entre sí, presentan la originalidad o individualidad de sus autores (lo de originalidad es una falacia, porque de eso hay cero en lo que hoy por hoy se escribe en Chile) y, claro, tal como se ha dicho, dan un cierto panorama, en tono menor, de lo que es hoy la narrativa en nuestro país. ¿Y cuál es el resultado de la lectura de esos trece primeros cuentos? Todos son similares, todos o casi todos parecen haber sido escritos por la misma persona, hay escasísima singularidad, poca inventiva, un tono general apático, abúlico, estreñido, como si a los autores escribir les resultara un trabajo cuesta arriba, como si fueran escritores del mismo modo en que a alguien le toca ser funcionario de la oficina de partes del Ministerio de Educación, como si tuvieran que publicar un libro porque, mal que mal, eso daría glamour (aunque hoy, en Chile, se publica muchísimo, pero muchísimo más de lo que se lee).
“El verano sin verano” es otra cosa, algo radicalmente distinto. Las historias en apariencia simples son mucho más complejas y enrevesadas de lo que parecen. “El verano sin verano” puede leerse meramente como un buen relato, bien escrito y bien desarrollado. Y como real de fin de año, todos podemos encontrar aspectos que nos han afectado, de una u otra manera, en el pasado reciente de nuestra historia. El fraude, la mentira, el engaño y también la búsqueda de la verdad detrás de todas las máscaras que la han ocultado, porque hay tantos, tantísimos poderes interesados en que nunca sepamos la verdad de las verdades.