Una realidad diferente Por Carlos Benítez Villodres Cristo escogió la pobreza para nacer, vivir y morir. El cristiano se e
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Puesta online a las 10:13, el 24 de Diciembre del 2008
Una realidad diferente
Por Carlos Benítez Villodres
Cristo escogió la pobreza para nacer, vivir y morir. El cristiano se encuentra ante este reto de la pobreza. Es el reto de la Navidad. El Mesías prometido vino al mundo en pobreza radical. Por ello, Al Niño Dios lo encontramos en un pobre establo, acostado en un comedero de animales. La Virgen y San José estaban allí. Compartieron la realidad de Jesús. No hay otra manera de ser cristiano.
Un bebé es alguien muy hermoso, pero no es un juguete. Dar a luz no es algo casual. Tratemos de entender la preocupación, la angustia de un joven carpintero y su esposa al no tener lugar para el nacimiento. El parto de una mujer es siempre algo tremendo. El parto de María fue virginal, y tuvo unas gracias únicas que no podemos del todo comprender. Pero no por eso dejó de ser humana. El rechazo, la falta de lugar, de agua limpia, de luz, de ropas, de cama.... Todo eso es la pobreza que abarcó su “si”. Pobreza real. Ella aceptó, llena de amor, el misterio. La Virgen y San José se llenaron íntimamente de la Luz que brilló en las tinieblas: Jesús.
Ante este cuadro histórico, recuerdo que hace décadas un padre acompañó a su hijo a un viaje por el campo con el propósito de que el hijo conociera la pobreza material de la gente labradora. Se hospedaron en la alquería de una familia pobre. Al volver a casa, el padre le preguntó a su hijo: “¿Qué te ha parecido el viaje?” “¡Muy bonito”!, respondió el hijo. Tras la respuesta, el padre prosiguió con su interrogatorio: “¿Te has fijado en qué pobreza puede vivir la gente? ¿Has aprendido algo?”. Ante estas preguntas, el hijo respondió: “Vi que nosotros tenemos un perro en casa y ellos tienen cuatro. Tenemos una pequeña piscina en el jardín y ellos tienen un río que no tiene fin. Tenemos unos faroles en el jardín y ellos tienen el cielo estrellado. Tenemos un jardín que llega a la verja y ellos tienen campos que se pierden en el horizonte”. Al terminar el relato, el padre permaneció mudo. El hijo añadió: “Gracias, padre, por procurar que me dé cuenta de nuestra pobreza”.
La Navidad es época lindísima en los países desarrollados, pero en los subdesarrollados no es muy linda, ni muy alegre, ni muy feliz. Y es porque el contraste entre aquellos que todo lo tienen y los que nada tienen ni esperan se vuelve más notorio. No es que se agudice, eso no. El contraste está presente los 365 días del año, pero es en esta época que se deja ver con más claridad. Nos duele ver a los niños pobres, apenas vestidos, descalzos, con manos y caritas sucias viendo las bellezas que los Reyes Magos ofrecen desde las vitrinas de los almacenes. Los niños sueñan con tener algo bonito entre sus manos, pero lo que está expuesto en las vitrinas y todo lo que los Magos ofrecen no es para ellos sino para los niños ricos… aquellos que recibirán todo lo que han pedido. Los Reyes de Oriente no acostumbran visitar las casas en los barrios marginales. Por esta razón es que siempre hemos creído que la Navidad se ha convertido en una fecha evidentemente elitista pues únicamente la disfrutan los que todo lo tienen en abundancia. Los pobres -niños y adultos- se quedan siempre con las manos y el estómago vacíos. De manera que en estos lugares donde la pobreza reina es muy difícil decir ¡Feliz Navidad! cuando de feliz no tiene absolutamente nada.
Las fiestas navideñas son cada vez más ajenas a su origen histórico y religioso. Los tumultos en las grandes superficies comerciales, las exigencias consumistas, la insolidaridad reinante… Es obvio que lo expresado anteriormente no tiene relación alguna con la humildad y la sencillez, con la bondad y el profundo mensaje de solidaridad que nos lega el nacimiento de Cristo. “Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, refiere John Fitzgerald Kennedy, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos”.
La Navidad se identifica inexcusablemente con la pobreza. Para los pobres, la Navidad tiene el mismo sentido y contexto que el que tuvo para aquel que vino hace más de dos mil años: escasez, carencias, privaciones, sufrimientos en sobreabundancia. Por eso, sólo él conoce bien y sintoniza a la perfección con quien ha pasado por las mismas experiencias y vicisitudes suyas. Esta rememoración de la venida al mundo de Cristo está lejos de recordar en la práctica el nacimiento y mandamientos del hombre excepcional que dividió la historia en un antes y un después. Miles de personas celebran cada año una “Navidad diferente”, llena de carencias y necesidades. Ahora a meditar lo leído.