La realidad cubana es tan singular en el mundo contemporáneo que llega a ser incomprensible para los extranjeros. Es el así llamado "Planeta Cuba", un otro mundo donde el tiempo parece mezclarse y confundirse. El pasado histórico de su revolución se actualiza a cada instante de su vida presente, secularizado en la memoria de un pueblo orgulloso y estoico, que resiste obstinado a los huracanes que cada tanto azotan la isla. ...
Puesta online a las 19:36, el 25 de Diciembre del 2008
Jueves 25 de diciembre de 2008 _NOM_SECCION1
Por Álvaro Cuadra, investigador de ELAP, Universidad Arcis
OBSERVATORIO UNIVERSITARIO
“Planeta Cuba”
La realidad cubana es tan singular en el mundo contemporáneo que llega a ser incomprensible para los extranjeros. Es el así llamado "Planeta Cuba", un otro mundo donde el tiempo parece mezclarse y confundirse. El pasado histórico de su revolución se actualiza a cada instante de su vida presente, secularizado en la memoria de un pueblo orgulloso y estoico, que resiste obstinado a los huracanes que cada tanto azotan la isla.
El visitante advierte ahora los sutiles cambios en la cultura cubana actual. Si bien la precariedad económica persiste, existen avances en la recuperación patrimonial de La Habana Vieja, una joya arquitectónica del Caribe. Ya no se ven los "camellos", aquellos camiones adaptados como transporte público que caracterizaron el "período especial", cuando se derrumbó el mundo socialista. Llama la atención la existencia de dos monedas diferenciadas que circulan en Cuba, algo que aparece a la vista de los extranjeros como un injustificado privilegio de algunos y como exclusión de otros.
Sin embargo, lo realmente nuevo estriba en una serie de tópicos inéditos que empiezan a hacerse presentes en el debate universitario y, de manera más solapada, en los medios de comunicación. La sociedad cubana comienza a tematizar sobre cuestiones de género, lo mismo sobre crisis medioambiental o sobre derechos humanos o derechos de las minorías sexuales. Se nota una tímida apertura cultural hacia nuevos tópicos que auguran el derrumbe de ciertos muros mentales que caracterizaron otros momentos en la historia de Cuba.
Es cierto, se trata apenas de tímidos avances en lo que llaman "la lucha de ideas" y que distan mucho todavía de traducirse en medidas políticas concretas. La Cuba de hoy constituye una de las sociedades latinoamericanas más cultas de América Latina, nadie puede negar los logros y avances en ciencias, en salud y educación, por ejemplo. Por lo mismo, la población es particularmente sensible y consciente de la imperiosa necesidad de introducir cambios profundos a aquel sueño que cristalizó hace medio siglo. La cuestión es salvaguardar los avances sociales y científicos atesorados durante estos años y, al mismo tiempo, ser capaces de dar un salto creativo que enriquezca a la sociedad cubana en todos los planos en este siglo XXI.
En cuanto nación soberana, les corresponde a los cubanos definir los modos y límites de los cambios que reclama su país. Lo que resulta innegable es la urgencia de implementar nuevos rumbos. Cuba debe incorporarse de pleno derecho a la comunidad de naciones. Es claro que el llamado "bloqueo" impuesto por Estados Unidos es una penosa anacronía que no encuentra hoy ninguna justificación histórica, política ni moral y se traduce, en los hechos, en una injusta agresión a un pueblo latinoamericano que reclama su lugar en la historia. Ha llegado el momento de iniciar el proceso de negociación entre Washington y La Habana de una manera seria y consistente con el apoyo de toda la comunidad internacional.
Mientras las figuras míticas de Fidel Castro y el Che Guevara presiden el 50º aniversario de la Revolución Cubana, La Habana sigue su vida citadina salpicada de aromas y sones. Es el "Planeta Cuba", único e irrepetible en el firmamento de las naciones. Por la noche, la brisa fresca del Caribe bajo un cielo estrellado se estremece, como siempre, a las nueve en punto por el cañonazo que clausura un día más, pero que al mismo tiempo anuncia el siguiente.