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Eran tres chanchitos y no queda más que uno Mucho me temo que las elecciones del Bicentenario serán tan conservadoras como

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Puesta online a las 14:02, el 06 de Enero del 2009


Eran tres chanchitos y no queda más que uno

Mucho me temo que las elecciones del Bicentenario serán tan conservadoras como las del Centenario: ninguna sorpresa, el mismo reparto de cargos entre los personajes de la casta y una ingeniería política que se limita a elegir entre millonarios.
En 1910, hubo tantos aspirantes como en l a actualidad y en esos tiempos se presentaban, como posibles candidatos, Agustín Edwards – dueño de El Mercurio, el líder radical Enrique MacIver y el especulador de la Bolsa, Juan Luís Sanfuentes. Respetando las diferencias de época, nada muy distinto a Sebastián Piñera y Eduardo Frei Ruiz-Tagle. En el caso del Bicentenario, se agregaron dos ex personajes de la burocracia estatal, uno ex presidente, Ricardo Lagos Escobar, y un ex ministro, José Miguel Insulza, un buen cóctel entre millones y funcionarios del Estado.

En 1910, al final, para quedar bien con los visitantes extranjeros del Centenario, se eligió al más antiguo de los burócratas de la casta en el poder. Es difícil llevar la cuenta de cuántas veces don Ramón Barros Luco ocupó Ministerios en distintos gobiernos – algunos se atreven a afirmar que era la constante en su vida -; don Ramón tenía 80 años al llegar a la presidencia, en el Centenario. Según Edwards Bello, fue el humorista y mandarín que, risueñamente, la catástrofe del parlamentarismo que debería venir, en 1924. Podría ocurrir lo mismo con el gobierno de las castas en las elecciones, a puertas del Bicentenario, sobretodo si gana un derechista tan irresponsable como Sebastián Piñera.

El primer chanchito en renunciar fue Ricardo Lagos; este personaje es como Zeus, capaz de lanzar rayos contra los mortales cuando está seguro de ganar, pero como Narciso, no tiene mucha capacidad para soportar la oposición a sus divinos designios: cuando se da cuenta que algunos de sus partidarios no están muy convencidos del éxito de esta nueva aventura, empieza a dominarlo la perplejidad, penetra en el jardín de las dudas y, al fin, como es muy inteligente, capta lúcidamente que segundas partes no suelen ser buenas. Además, la pérfida derecha, que domina todos los medios de comunicación chilena, se dedicó a denostarlo, al día siguiente en que lo visualizó como un peligro para las ambiciones desmedidas de Piñera y de la Alianza, que tiene un hambre pantagruélico para repartirse el botín del Estado, que tanto desprecian aparentemente.

Al desaparece el primer chanchito, sólo quedan en carrera Eduardo Frei, que ha demostrado ser más astuto que Chapulín Colorado, y José Miguel Insulza, varias veces ex ministro y, actualmente, Secretario General de la OEA. Insulza cuenta con incondicionales a sus amigos ex Mapu - el grupo de personas con mayor habilidad para el poder que he conocido en mi vida -, además el apoyo de la Nueva Izquierda y su líder Camilo Escalona, a quien, cada día, lo encuentro más parecido a Manuel Godoy, el válido del reinado de Carlos IV. El Partido Socialista está dominado por la fracción llamada Nueva Izquierda, una mezcla de ex Izquierda Cristiana, ex Mapu y socialistas de Almeida y de Núñez. El objetivo de esta tendencia consiste en eliminar toda disidencia en el Partido: hace lo posible para mantener bajo sus riendas a los “díscolos”, marginal a opositores, como Isabel Allende y amenazar a Jorge Arrate. Sus procedimientos son tan burdos, como los servicios secretos de algunos países del Este: no se les ocurrió nada mejor que citar, en tórrido mes de enero, a una convención presidencial, que consagraría a su predilecto, José Miguel Insulza. Al parecer, este paso de ballet les falló completamente, y Camilo Escalona anda con “el rabo entre las piernas”.

Las dudas y la perplejidad son muy útiles para los filósofos, que deben proceder con base en los cuestionamientos, pero son muy inadecuadas para los políticos, especialmente, pues la base de su éxito está en la convicción y en la afirmación permanente – nadie seguiría a un político que no está convencido de ganar-. Esta peste de la perplejidad se le pegó a José Miguel Insulza. No fue capaz de convencer a nadie, salvo a Camilo Escalona, de que estaba dispuesto a convertirse en candidato presidencial y, mucho menos, renunciar a la Secretaría General de la OEA, cargo que le costó mucho conquistar, pagando el precio, incluso, de pelear con México. Para ser honesto, hay que reconocer que lo hecho bien en la OEA, aun cuando este Organismo es inútil en el mundo actual. Si Insulza dejaba la OEA existía el peligro para su verdadero dueño, Estados Unidos, de que se formara una combinación de países progresistas que, aliados a los Caribe, podrían lograr el cargo de Secretario General, para un representante de Venezuela, Nicaragua o Bolivia, lo cual sería una derrota rotunda de Imperio, en su club de bailes folclóricos. Por otro lado, se postulaba Perú, dejando en mal pie a la Cancillería chilena. Insulza actuó con pragmatismo al mantenerse en la Secretaría General. Al fin y al cabo, “más vale pájaro en mano que cien volando”.

Sólo queda el último chanchito, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que protagoniza uno de los casos más interesantes de reencarnación, que la historia humana conozca. Pareciera como si, por arte de magia, el espíritu de su padre, el estadista, se hubiera traspaso a su ser. Es casi imposible buscar la continuidad entre el Frei presidente, en el siglo pasado, y el Frei actual. No sé cómo logra entusiasmar, hasta el delirio, a Pepe Auth, y se ha convertido en el salvador de su Partido, hace pocos meses a punto de la catatonia. Es que Frei tiene algo especial, una especie de forma de ser llana, casi campesina, con seseo incluido, cualidad que lo hace cercano a cualquier persona con cara de pueblo. Es este aspecto rural del senador lo que le asegurará el triunfo sobre Piñera, el peor de los narcisos.

Todo lo que he leído sobre los contenidos prográmaticos de Eduardo Frei Ruiz-Tagle tienen el sabor del sentido común, tan ajeno a los políticos tradicionales. Es cierto que en estos documentos uno siempre se queda a medias, quisiera creerle que impulsar la nacionalización del transporte público, pero no me quedó claro que lo va a hacer; lo mismo me ocurre con el cambio del sistema político y la nueva carta Magna, al fin y al cabo, son pequeñas reformas, sin llegar al fondo, que sería como el coito interrumpido – te promete gozarla, pero te deja marcando ocupado- . Reconozco que Eduardo Frei tiene la habilidad de titular muy bien sus propuestas, aun cuando el contenido sea oscuro aún, y poco sustancioso – es mejor el paquete que el caramelo – sin embargo, ha sido hábil para consensuar a gente que piensa tan distinto – desde un tecnócrata, como Cortázar, hasta un niño travieso, como Auth. Así se hacen los líderes: con puro olfato a donde va la corriente.

Es tan sonsa la política chilena actual que todo funciona en base a encuestas e indicadores económicos, todos confeccionados por Diarios de derecha, que indican que Sebastián Piñera ganaría en las diversas alternativas planteadas. La derecha ha sido siempre famosa por creer en sus propias encuestas, y dos veces ha perdido, en el último tiempo, por su candidez: en 1970, con Jorge Alessandri y, en 1988, con Augusto Pinochet. También en cierto grado, Joaquín Lavín creyó tocar el cielo con las manos en 1999.

Un aspecto no considerado por sus partidarios dice relación con su candidato actual, Sebastián Piñera, en su carácter atragantado, en extremo narcisista, que siempre lo lleva, finalmente, a hacer declaraciones en que mete la pata, una y otra vez. Es que Piñera no entiende que es distinto hacer negocios en la Bolsa y ser gerente de empresas, - cuyas políticas se deciden en consejos muy pequeños - que convencer a millones de electores para que le den el favor en base a los méritos que él mismo cree tener. Al parecer, Onofre Jarpa lo conocía bien, pues le recomendó contar hasta tres antes de hablar y rendir pleitesía al general Pinochet que, en definitiva, es el único derechista triunfante.

A pesar de las apariencias, Piñera es incapaz de trabajar con la UDI: no entiende nada del conservantismo popular y, hasta ahora, no se ha probado capacidad alguna para formar equipos. En el fondo, es un populista de derecha, bastante individualista, más cercano a productos como Vicente Fox, Álvaro Uribe, Carlos Menem o a Alberto Fujimori, entre otros. Será muy bueno para desplegar propuestas populistas - sin ninguna base financiera - pero siempre estará limitado por un dogmatismo neoliberal.

El tema de las próximas elecciones será, sin duda, la crisis económica, que traerá cesantía, bajo crecimiento, endeudamiento de las empresas y una inflación moderada. La clave del triunfo está en el enfrentamiento oportuno del enfriamiento mundial de la economía: la única de superar la crisis consiste en implementa políticas estatales agresivas y oportunas, que cambien, por ejemplo, la injusta política tributaria, favorezcan el empleo y refloten el desarrollo. Al parecer, en este plano la iniciativa la tiene el gobierno y no los privados, por consiguiente, si el plan es suficientemente fuerte y audaz, es posible que la Concertación logre su quinto mandato. La única condición es enviar al basurero de la historia términos como “la prudencia”, “en la medida de lo posible”…y deseche los consejos de los tímidos tecnócratas.

Chile y el mundo van para otro lado: el neoliberalismo fracasó rotundamente, por consiguiente, el único actor económico es el Estado. En una encuesta de la Universidad Diego Portales, el 60% se pronuncia por una cadena estatal de supermercados; el 58%, porque todas las universidades privadas pasen al Estado; el 60%, por el transporte estatal; el 70%, porque haya más bancos estatales; el 70%, por más empresas públicas. Todo lo contrario del programa de gobierno de la derecha. El candidato que capte más claramente el rol del Estado será el triunfador. Nada de conservadurismo, sino ¡audacia, más audacia!

Rafael Luís Gumucio Rivas
06/01/09





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