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Camilo Escalona, presidente del Partido Socialista “El fin de la exclusión ayudará a derrotar a Piñera”

El senador admite su fracaso en levantar la candidatura de José Miguel Insulza, pero justifica su estrategia y señala que la clave era aunar las fuerzas del progresismo para dar la batalla en la elección municipal. Dice que la crisis ha reivindicado los principios del socialismo democrático y plantea las exigencias del PS a Frei: fin de la exclusión y énfasis en la educación y la previsión. ...


Puesta online a las 8:58, el 11 de Enero del 2009



Por Libio Pérez / La Nación Domingo

Camilo Escalona, presidente del Partido Socialista
“El fin de la exclusión ayudará a derrotar a Piñera”

El senador admite su fracaso en levantar la candidatura de José Miguel Insulza, pero justifica su estrategia y señala que la clave era aunar las fuerzas del progresismo para dar la batalla en la elección municipal. Dice que la crisis ha reivindicado los principios del socialismo democrático y plantea las exigencias del PS a Frei: fin de la exclusión y énfasis en la educación y la previsión.


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Camilo Escalona perdió como todo el Partido Socialista que preside la carrera por instalar un candidato presidencial propio a La Moneda.

Acepta que quedó en minoría en su empeño estratégico por hacer coincidir los tiempos políticos con las condicionantes internas de su colectividad, la demanda de José Miguel Insulza por ampliar su base de apoyo al PPD y, sobre todo, en su diseño de poner a correr a su abanderado en un solo impulso desde la pasada elección municipal hasta la presidencial.

Con mil batallas en el cuerpo, desde las elecciones estudiantiles durante la Unidad Popular, el exilio, la reconstrucción del PS en la clandestinidad, sus éxitos y derrotas parlamentarias, como factor de peso en las decisiones que su partido ha tomado en los últimos 18 años de democracia, Escalona parece incombustible.

Hoy el senador por la Región de los Lagos prepara la convención presidencial del PS para proclamar a Eduardo Frei como candidato único de la Concertación. Cree que la elección será estrecha, voto a voto, pero está convencido que el abanderado opositor "es vulnerable y derrotable".

Para ello, apunta, es preciso comenzar ahora a poner fin a la exclusión y propone que la Concertación asuma desde ya la negociación parlamentaria con la decisión de integrar al Juntos Podemos. "Ya no hay veto ideológico" dice.

El aporte de las fuerzas socialistas democráticas, agrega, ahora tiene que reflejarse en el proceso participativo para elaborar el programa de la multipartidaria, el que imagina como un camino regional y local, que integre las demandas sociales, temáticas y territoriales, para culminar con una convención programática de la Concertación que involucre a millares de personas. Escalona está con ganas de iniciar una nueva batalla.

-¿Cómo evalúa el proceso que culminó con el desistimiento de José Miguel Insulza de entrar a la carrera presidencial?

-Fue un proceso con altibajos, porque las enormes potencialidades que tenía la candidatura de Insulza tropezaron con disidencias francamente inesperadas. Yo pensaba que el conjunto de la "Renovación" iba a respaldarlo de una manera casi inmediata. Es penoso comprobar que por un asunto de índole personal, por el sólo hecho que haya sido yo el que lo propuso, muchas personas terminaron restándose.

-¿Cree que ese fue el factor determinante?

-Ese argumento de que era el candidato de Escalona y no mirar quién era Insulza, un hombre profundamente representativo de la renovación del socialismo y que en su propia persona se mostraba la evolución de Chile y la izquierda en los últimos 25 años, además de su capacidad de penetrar en amplísimos sectores más allá de cualquier figura que tiene hoy el PS, fue una ceguera enorme. Hay muchos que hoy dicen que yo tengo la responsabilidad política por haberme empeñado en respaldarlo. Pero eso en política no es ningún pecado; al revés, hoy parece que la ausencia de voluntad política es lo original. Hay personas que tienen cada día de la semana un candidato distinto y pareciera que es la incoherencia la que merece premios en política. Esa crítica que me hacen para mí es un orgullo, porque tuve sistemáticamente una sola posición. Me decepcionan aquellas personas que hacen del travestismo político un mérito. Lamento que no haya habido generosidad para advertir la potencialidad de Insulza, lo que finalmente derivó en que no fuera nuestro abanderado. Insulza ante la ausencia de unanimidad en el mundo del progresismo, declinó a su postulación.

-Pero tuvo vacilaciones en dejar la OEA

-Eso y otros fueron asuntos secundarios.

-¿De las críticas que se le hacen a usted cuáles asume?

-Nadie ha desconocido que había cuatro figuras con las que la Concertación podía competir en esta vuelta. Dos de la DC y dos del progresismo laico. Y no surgieron nuevas, como sucedió en 2004 con Michelle Bachelet. Respecto de las cuatro figuras Alvear, Frei, Insulza y Lagos había una que conllevaba una diferencia política. El ex Presidente Lagos decía que debía darse una confluencia de factores para arribar a su figura, que más o menos era a mitad de 2009. Yo sinceramente pensé que los tiempos políticos no coincidían con la idea que tenía Lagos sobre su campaña. Por lo tanto pensé que la figura de Insulza podía hacer coincidir nuestros deseos con su propio plan político; es decir, poner en pie su campaña en la última fase de la municipal y seguir hasta la presidencial. Lamentablemente quedé en minoría. A mí y a Marcelo Schilling nos critican con fuerza en este punto, porque ambos dijimos que Insulza tenía que ponerse en campaña en julio pasado, a más tardar en septiembre. Y que en la última parte de la campaña municipal, con la gente motivada, teníamos que tener a Insulza como precandidato. Pero eso no ocurrió y fuimos minoría. No hay que olvidar este proceso, porque hoy hay insulcistas que nunca lo fueron.

-Muchos plantean que su insistencia con Insulza fue para levantar una contención a las aspiraciones de Lagos.

-Nadie ha negado la legitimidad de ambas opciones, de hecho yo usé ese argumento al revés [N. de la R.: que Lagos impedía el crecimiento de los otros candidatos.]. Había dos maneras de pensar la candidatura: una, sacándola a la calle en la municipal y enfrentando a Piñera oportunamente. La otra, esperar hasta que las otras figuras fueran decayendo y que eso posibilitara la instalación de la candidatura de Lagos. No digo que esa haya sido exactamente la intención de Lagos, pero en la discusión estratégica interna así se plantearon las cosas.

-¿Qué consecuencias tenía cada una de estas opciones?

-No había tiempo político para esperar a junio o julio de este año para salir a competir con Piñera. Ese tiempo político ya era la elección municipal.

-Pero Insulza tampoco estuvo.

-Reconozco que fui minoría. No logramos aunar la voluntad del progresismo para salir a batallar ya en la municipal, como sí ocurrió con Bachelet. Y le pregunto a los que ahora son "insulcistas", ¿en el 2004, cuándo se produjo el cambio en la percepción del país de que Lavín ya no iba a ser el futuro Presidente? Eso fue en la municipal, que cambió la percepción del país y donde Bachelet demostró que podía ser Presidenta, pese a que Alcaíno le ganó en Santiago a Jorge Schaulsohn, paradojalmente. No cabía en la pantalla de TV la cara larga de Lavín, porque esa elección municipal cambió el curso de la presidencial de 2005. Con esa experiencia, teniendo presente lo que nos enseñó esa elección, nosotros decíamos ahora que ante un candidato que está adelante como entonces estaba Lavín salgamos a tiempo con una figura que dé la pelea en la municipal.

-Eso no le resultó.

-Es que vinieron las dos listas de concejales, en vez de unirnos nos dispersamos, en vez de parar la disputa se exacerbó y, claro, hoy las encuestas muestran a Piñera con ventaja, pero sigue siendo vulnerable. Hoy un candidato único de la Concertación todavía puede derrotarlo.

-¿Cómo quedaron los vínculos de Insulza con el PS y con usted?

-Este era un asunto político y no personal. Lamentablemente todos los análisis excluyen una palabra importante: generosidad. Si Insulza estaba a la par de Frei, las encuestas lo muestran empatado. Pero Insulza dijo que ante un empate él declinaba ante la candidatura de la DC. Acá hubo generosidad de Insulza, porque en virtud de facilitar un proceso político él se bajó y en beneficio de Frei.

-¿Qué opina Frei al respecto?

-Creo que valora eso. En la conversación que tuvimos con Frei, el ex Presidente hace suyo uno de los propósitos principales del PS ante las elecciones parlamentarias, que es ahora sí, a 20 años de iniciada la transición tener la voluntad política de terminar con la exclusión. Porque el fin de la exclusión ayudará a reconstruir una mayoría que derrote a Piñera.

-Ya volvemos con Frei. ¿Qué efectos de largo plazo tiene para la corriente socialdemócrata no llevar un candidato presidencial?

-Espero que esta corriente, independientemente del partido, salga fortalecida, porque vamos a competir en todo el país con nuestros candidatos parlamentarios y creo que podemos aportar a la Concertación contenidos programáticos que nos permitan ganar. No hay por qué pensar que la Concertación, que está formada por distintas afluentes, tenga que tener siempre un candidato presidencial de nuestro sector. El derrotismo no tiene justificación. Hace diez años, en plena crisis asiática, había aversión a que ésta se enfrentara con la intervención estatal, de hecho se acentuó con el manejo de la tasa de interés del Banco Central, lo que fue criminal. Todo porque se entendía que la crisis se podía superar con los propios mecanismos del mercado. Hoy, ante una nueva crisis, nadie desconoce que sólo se puede enfrentar con una intervención del Estado oportuna, vigorosa y enérgica. El plan de intervención de 4.000 millones de dólares que anunció la Presidenta Bachelet hoy tiene el apoyo de todo el país. Eso era impensable hace diez años. Las ideas del socialismo democrático no han sido derrotadas.

-¿Cómo será la convención presidencial del PS?

-Solemne y formal. Se someterá a consideración de los delegados las postulaciones que se presenten. Hasta ahora hay una establecida, que es la de Eduardo Frei. Pensé que Jorge Arrate se presentaría, pero él mismo anunció que su propuesta es pedir dos candidatos de la Concertación, aunque eso no está en el temario de la convención. Ésta fue convocada por el congreso general de marzo pasado para tener un candidato único de la Concertación. Ésto no significa que Arrate no se pueda inscribir, pero hasta ahora la persona que será presentada por un mínimo de 50 convencionales así lo establece el reglamento es Eduardo Frei.

-¿Qué es lo esencial que el PS ha planteado a Frei y que buscará profundizar en sus conversaciones si es candidato único de la Concertación?

-El tema social. El lunes le planteamos un tema político, el de la exclusión, y dos sociales. En el fin de la exclusión, él comparte el ciento por ciento de nuestra posición, aunque la derecha intente atizar el anticomunismo; pero el comunismo no es el problema, sino la exclusión de millares de personas. También le planteamos el tema educacional y el previsional. En éste último, el PS hace suya la propuesta de la CUT, en el sentido de que se puede establecer un fondo así como existe uno de estabilidad del precio del petróleo, pensados en amortiguar las caídas como un seguro que evite el desplome de los pagos previsionales en épocas de crisis.

-¿Y en educación, qué planteó el PS a Frei?

-Un compromiso mayor del sector público con la educación, que para nosotros es poner fin al financiamiento compartido. Eso se ha transformado en una feroz herramienta de segregación, porque ya no es voluntario y en los hechos es obligado. Un papá que puede poner cinco mil pesos de financiamiento compartido recibe un trato distinto al que pone 10 mil pesos o más. Esto, en el mundo de los más pobres establece subgrupos, subclases y subdivisiones que tienen un efecto perverso.

-¿Frei está de acuerdo con eso?

-Quedamos que en el marco de la discusión programática veremos los números. Hay que recordar que el primer gobierno de la Concertación, con Patricio Aylwin, se hizo cargo de resolver la deuda social y poner el primer colchón en un país que tenía a un tercio de su población en la indigencia. El gobierno de Frei se embarcó en la jornada escolar completa y en la reforma judicial. Lagos hizo la reforma de salud, el Auge. La Presidenta Bachelet se embarcó con la reforma previsional, la pensión básica solidaria y el aporte previsional solidario. Ahora, en el marco de una discusión democrática, tendremos que definir el énfasis social programático. Creo que valdría la pena poner un balance estructural cero; es decir tener un país que no haga deuda pero tampoco superávit entre 2011 y 2014, de modo que el mismo 0,5% que se ocupará en la crisis este y el próximo año, se destine a más financiamiento del sector educacional.

“La misma vieja derecha de siempre”

–¿Qué le parece lo sucedido esta semana con la diputada RN Karla Rubilar?

–Una cosa terrible. No pensé que en un tema tan delicado, en el que la sociedad chilena ha conseguido una convicción común, pudiera ser manoseado como se ha hecho. Mal que mal, el Presidente Aylwin constituyó la Comisión Rettig con importantes figuras de la derecha; Gonzalo Vial, por ejemplo, ministros de Pinochet; también la Comisión Valech tuvo amplitud. Entendíamos que la derecha había hecho suya una verdad país, dolorosa para nosotros porque las víctimas fueron nuestras; dolorosa para la derecha porque fue su régimen el victimario. Cada uno con su dolor formábamos parte de una convicción. Cuando la diputada Rubilar entrega nombres para horadar la verdad histórica estamos ante un hecho feroz. Excepto la intención de Pinochet de desconocer el resultado del plebiscito la noche del 5 de octubre –intentona abortada por la actitud del general Matthei y la posición de Jarpa–, yo no había visto un intento tan feroz de agraviar a un sector del país, como lo hemos visto en estos días.

–¿Qué cree que motiva esto?

–La nueva generación de la derecha demuestra que tiene un cordón umbilical con la vieja derecha, la misma derecha de siempre. Esta nueva gente formada en los institutos y centros académicos de la derecha, lamentable y tristemente, se ha formado con los mismos patrones culturales de sus antecesores. La nueva generación de la derecha no constituye una nueva derecha. La nueva generación de la derecha es la vieja derecha.





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