Habían dos paisanos que tenían el mismo nombre: > 'Joaquín González', pero uno era 'sacerdote' y el > otro era 'taxista'. > Q
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Puesta online a las 9:01, el 16 de Enero del 2009
Habían dos paisanos que tenían el mismo nombre:
> 'Joaquín González', pero uno era 'sacerdote' y el
> otro era 'taxista'.
> Quiso el destino que los dos murieran el mismo día.
> Entonces, llegan al cielo, donde les espera San Pedro.
> -¿Tu nombre? - pregunta San Pedro al primero.
> - Joaquín González.
> - ¿El sacerdote?
> - No, no; el taxista.
> San Pedro consulta su planilla y dice:
> - Bueno, te has ganado el Paraíso.
> Te corresponden estas túnicas de seda con hilos de
> oro y esta vara de oro con incrustaciones de rubíes.
> Puedes pasar.
> Gracias, gracias... - dice el taxista.
> Pasan dos personas más, y luego le toca el turno al
> otro Joaquín, quien había presenciado la entrada de su
> paisano.
> - ¿Tu nombre?
> - Joaquín González.
> - ¿El sacerdote?
> - Sí.
> - Muy bien, hijo mío. Te has ganado el Paraíso. Te
> corresponde esta bata de poliéster y esta vara de
> plástico.
> El sacerdote dice:
> - Perdón, no es por presumir, pero... debe haber un error. ¡Yo soy Joaquín González, el sacerdote!
> - Sí, hijo mío, te has ganado el Paraíso, te
> corresponde la bata de...
> - ¡No, no puede ser! Yo conozco al otro señor, era un taxista, vivía en mi pueblo, ¡era un desastre como taxista! Se subía a las aceras, chocaba todos los días, una vez se estrelló contra una casa, conducía muy mal, tiraba los postes de alumbrado, se llevaba todo por delante.
> Y yo me pasé cincuenta años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia.
> ¿Cómo puede ser que a él le toque una túnica con
> hilos de oro y vara de platino y a mí esto? ¡Debe
> haber un error!
> - No, no es ningún error- dice San Pedro.
> Lo que pasa es que aquí en el cielo ha llegado la
> globalización con sus nuevos enfoques administrativos. Nosotros ya no hacemos las evaluaciones como antes.
> - ¿Cómo? No entiendo...
> - Claro, ahora nos manejamos por 'Objetivos y
> Resultados'.
> Mira, te voy a explicar tu caso y lo entenderás
> enseguida:
> Durante los últimos cincuenta años, cada vez que tú predicabas, la gente se dormía; pero cada vez que el taxista conducía, la gente rezaba y se acordaba de Dios.
> Entonces, ¿quién vendía más nuestros servicios?
> Nos interesan los resultados, hijo mío.