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Balance de la Cumbre del G8 en Alemania y vistazo sobre las perspectivas del sistema mundial

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Puesta online a las 8:49, el 20 de Junio del 2007


En el comentario semanal de hoy Domingo 17 de Junio de 2007, Marcelo Solervicens presenta
Balance de la Cumbre del G8 en Alemania y vistazo sobre las perspectivas del sistema mundial
La reunión del Grupo de los 8 realizada del 6 al 8 de Junio pasado en Heiligendamm, en Alemania, dejó un gusto a poco a quienes esperaban que este encuentro se tradujera en decisiones concretas para enfrentar el calentamiento del planeta y para los que esperaban que finalmente se cumplieran las promesas para África por parte del club selecto de 8 países que cuentan por 10% de la población mundial y concentra el 60% de las riquezas del planeta y se ubican a la cabeza del sistema mundial. Con ello creció la decepción con los “amos del planeta” de los partidarios de otra mundialización quienes se dieron cita en Rostock para una contra cumbre de construcción de alternativas y movilizaciones para recordar al G8 que son imputables frente a sus pueblos. Veamos algunos aspectos de un balance mitigado de uno de los grandes circos mediáticos del planeta.
Como se sabe el G-8 es el grupo informal de siete países más industrializados e influyentes del mundo además de Rusia (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido.). El G8 es una de las instancias claves de la globalización neoliberal desde hace más de 30 años, primero como G7 y desde 2000 como “Grupo de los ocho” con la entrada de Rusia. .
Como de costumbre el G8 trató de mantener su vigencia de instancia clave del sistema mundial invitando los cinco principales países emergentes, China, India, África del Sur, Brasil y México, que forman el llamado “Grupo de los cinco” que representa el 42% de la población mundial. Se rumorea que el G5, “grupo de los cinco” países emergentes podría finalmente entrar al G8 para formar el G13. Esto que podría ser una buena noticia pero, por el momento, más allá de la aritmética que puede hacerse con la multiplicación de grupos de países que se conciertan en el sistema mundial, la multiplicación de instancias sirve sobre todo para dividir los países en lugar fortalecer la construcción de instancias democráticas del sistema mundial, con lo que ayudan a reproducir el sistema mundial jerarquizado a la cabeza del cual se inscriben los Estado Unidos y la Unión Europea.
Los países emergentes plantearon como tema fundamental su versión de cómo debe enfrentarse el calentamiento del planeta. Ellos consideran, como en el caso de China, que pese a reconocer la existencia del problema del calentamiento del planeta , no puede exigirse a los países emergentes que hipotequen su desarrollo cuando son los países más desarrollados los que más contaminan la atmósfera. Otros como Brasil, representada por Lula, insisten en la necesidad de producir nuevas energías alternativas como el etanol, producido a partir del maíz, aunque los grupos ecologistas consideren que la producción de etanol, a partir de maíz, uno de los principales cereales, se van a crear nuevos problemas. En efecto, se teme un aumento de la pobreza al dedicar a un nuevo tipo de monocultivo que más encima no iría al consumo alimenticio, extensas zonas que hoy se dedican a alimentar las poblaciones locales.
Lo que le interesa particularmente a los países emergentes son las temáticas del comercio exterior en la actual Ronda de Doha de liberalización de mercados de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que se encuentra empantanada. En este campo, tampoco se hicieron grandes avances según la declaración.
Al otro extremo del espectro de países, también se reunió con el G8 nuevamente, una delegación de países africanos, los más pobres del planeta. Está claro sin embargo que la ayuda prometida para África desde hace muchos años tarda mucho en llegar y la situación en África sigue siendo tan crítica como en el pasado, a pesar de ser un continente riquísimo en recursos naturales incluido el petróleo como en el caso de Nigeria. A pesar de ello, concentra los mayores de pobreza y de conflictos abiertos o larbados del planeta, como ocurre en la República Democrática del Congo. En la declaración final el G8 reiteró su promesa de ayudar a África con miles de millones dólares para reducir las pandemias que afectan su población, desde el SIDA hasta el paludismo y malaria. Lo cierto es que después de los muchos años en que el G8 ha hecho del combate al hambre en África, uno de sus objetivos centrales, las promesas tardan en concretarse y la situación en África sigue deteriorándose.
Bono, el conocido cantante del grupo británico U2, denunció nuevamente que se haya postergado la ayuda a África y acusó nominalmente al primer ministro canadiense por abogar para que el G8 postergue esa ayuda. Aunque el primer ministro canadiense Stephen Harper negó que existiera un asomo de verdad tras esa denuncia, está claro que el Canadá, de ser uno de los países líderes en materia de política exterior progresista, se ha transformado en un aliado de Washington, sin una verdadera política exterior independiente, o de tercera vía como durante el gobierno de Pierre Elliot Trudeau en los 70. Esto es particularmente evidente en materia de postergación del combate por el calentamiento planetario. No en balde la opinión pública en Canadá parece haber terminado definitivamente su luna de miel con e gobierno minoritario de Stephen Harper y la popularidad del gobierno conservador ha comenzado a bajar en las encuestas.
La declaración final del G8 plantea una vaga reducción de los gases de efecto invernadero que no establece cifras numéricas claras en el lejano horizonte del año 2050, Se habla de obtener la reducción del 50% de las emisiones de gases con efecto invernadero, pero no está claro si todos los países coinciden que sería sobre la base de 1990 como debiera ser en la segunda fase del acuerdo de Kyoto, o cómo lo plantea el gobierno de Stephen harper con relación a niveles de 2012. Aunque las actuales discusiones se refieren al nuevo acuerdo que debe seguir al llamado acuerdo de Kyoto en 2012, lo cierto es que parece difícil alcanzar el objetivo de impedir que el calentamiento del planeta sobrepase 2 grados centígrados: El umbral a partir del cual el calentamiento del planeta se haría irreversible porque comenzará a liberarse el metano que está acumulado en los hielos eternos del ártico y de la antártica con lo que los efectos serán cumulativos.
La gran victoria de la Unión Europea y en particular de la canciller alemana Angela Merkel, huésped del G8, fue de conseguir que el presidente estadounidense Georges Bush aceptara que las negociaciones se realicen bajo la égida de la Organización de las Naciones Unidas y no al margen de la principal instancia multilateral del planeta, como intentaba hacerlo Washington. Como se recordará, el presidente Bush había anunciado su plan verde poco antes de la cumbre del G8, que llamaba a sentar en la mesa los 15 países que más contaminan el medio ambiente para empezar a discutir desde “0” con respecto a los objetivos de reducción de los gases con efecto invernadero, a través de cuotas voluntarias o bien, en semejanza con el planteo de los conservadores canadienses, a partir de metas de intensidad y no absolutas, ello quiere decir que las industrias siguen contaminando en términos absolutos, a pesar de que introduzcan algunos mecanismos de limpieza, porque la producción total aumenta.
Se espera que en Bali, Indonesia, en la primera Cumbre global del medio ambiente convocada por la ONU, a nivel ministerial que se reañizará a fines de 2007, se inicien las negociaciones para fijar un nuevo acuerdo para el post’Kyoto. Está claro sin embargo que en esta lucha contra el calentamiento del planeta el G8 no es el líder que podría haberse esperado si respetan los deseos de sus ciudadanos.
En el terreno político de la Cumbre del G8, destacó la crisis entre Rusia y Estados Unidos sobre el sistema de paraguas antimisiles de Washington en Europa contra los ataques presuntos de los países “parios” parte del “eje del mal” denunciado por la política de la Casa Blanca y seguido sin discusión por la Unión Europea. Como se recordará, el presidente Ruso Vladimir Putin había amenazado con apuntar mísiles rusos con ojivas nucleares contra blancos europeos porque consideraba la instalación de componentes del sistema de paraguas antimisiles en la República Checa y en Polonia como un acto de agresión contra Rusia. Aunque nadie cree en la amenaza cierta de un ataque nuclear de los países parios, lo cierto es que la crisis reveló el nuevo alineamiento de fuerzas en el sistema mundial, que pone de manifiesto que Rusia ha perdido su posición geopolítica en la región, a pesar de sus concesiones a Washington. La agresividad de Putin se explica porque intenta restablecer la posición geopolítica de Rusia la en las postrimerías de su mandato. El presidente ruso Putin le ofreció al presidente estadounidense que usara un radar ruso en Gablá, en Azerbaiyán, en la frontera con Irán, como parte de un escudo antimisiles en conjunto con Rusia, para que el paraguas antimisiles proteja Estados Unidos, Rusia y Europa. Lo cierto es que Washington rechazó la idea porque lejos de explicarse por motivos de seguridad, la construcción del paraguas antimisiles está ligado a las necesidades del complejo militaro-industrial que domina la administración Bush y que está en el origen de la invasión de Irak.
En el tema del Kosovo, otra manzana de la discordia entre Washinton y Moscú, tampoco se llegó a acuerdos. Como se sabe Washington desea la separación de la provincia de los Balcanes, y que esta sea puesta bajo tutela de la ONU, contra la voluntad de la Yugoslavia y de Rusia, que desean mantener un rol geopolítico en la región. El tema se postergó para otros foros, como el del Consejo de Seguridad de la ONU donde Moscú amenza con imponer su veto.
Aunque el G8 amenazó con nuevas represalias a Irán, si este no renuncia a su proceso de enriquecimiento de uranio, y también contra Corea del Norte está claro que la virtual amenaza de parte de estos países es risible, cuando se la esgrime como preocupación de los “amos del planeta”. Lo cierto es que este temor se ha transformado en uno de los ejes de la política exterior de los países del G8 bajo la hegemonía estadounidense. El verdadero debate tras estas discusiones, es que se vive un nuevo alineamiento de fuerzas en Europa y en el mundo.
La 30a Cumbre de los países del G8, no produjo resultados dramáticos ó concretos. Lo único que se conoció de los debates entre los líderes planetarios apareció en la declaración final que es muy vaga. Está claro sin embargo que no fueron los debates sobre el calentamiento del planeta los que animaron las discusiones a puertas cerradas. El debate sobre la crisis energética, sobre la explosión de los precios de las materias primas y sus amenazas a la estabilidad del sistema financiero mundial, del desbloqueo de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio y otros temas de la globalización, fueron los temas principales de las discusiones a puertas cerradas.
En ese marco es difícil pretender analizar el conjunto de las discusiones de la Cumbre del G8. El “Grupo de los ocho” se ha revelado nuevamente como una instancia que busca asentar el poderío de las naciones que se inscriben a la cabeza del sistema mundial y una ocasión que les permite arreglar a puertas cerradas sus diferendos, a diferencia de lo que ocurría en otros periodos como con la Sociedad de Naciones entre las dos Guerras mundiales. Lo que es insoportable, es el carácter monárquico, casi de reyes con que se presentan a la opinión pública mundial estos “amos del Planeta”, como parte de un juego, de un circo mediático distante de las preocupaciones cotidianas de los electores en los países respectivos, pero muy cerca de las necesidades de las empresas transnacionales.
Es necesario recordar que despareció de las preocupaciones centrales de los países del G8 la urgencia inicial de la problemática de la llamada guerra contra el terrorismo. Ello a pesar de que al unísono con el comienzo del G8 una corte europea condenada el uso de los países europeos por la CIA estadounidense para instalar cárceles clandestinas para torturar en la clandestinidad los “combatientes enemigos” sustrayéndolos así al derecho internacional y a la Convención de Ginebra. El silencio del G8 en esta materia es sintomático de las relaciones de fuerzas que existen en el sistema mundial y la existencia de dos pesos, dos medidas cuando se trata de los intereses y las acciones de las grandes potencias.
También se soslayó el tema de la guerra civil en Irak, una realidad incómoda porque ese país se ha transformado en el nuevo Vietnam de Estados Unidos y sólo se espera que salga el presidente estadounidense para buscar salidas que permitan salvar el prestigio de Washington en una guerra que aunque ha permitido controlar las enormes riquezas petroleras de ese país ha desestabilizado toda la región del medio oriente. Luego que se iniciara la guerra en medio de la mentira de que existían armas de destrucción masiva y que Saddam Hussein estaba de “algún modo ligado” a a Ben Laden o Al Kaida, tampoco se pude pretender ahora que la guerra haya traído la democracia y la prosperidad. No es en balde que el retiro de la vida política de parte del primer ministro británico Tony Blair ha estado empñado por lo que la opinión pública británica y del mundo considera como un acto conjunto con Washington que es contrario al derecho internacional y que está marcado por el cinismo más absoluto al haber afirmado la existencia de armas de destrucción masiva inexistentes. Una acción que según defensores de los derechos humanos debiera llevar a estos dos líderes del G8 frente a la Corte Penal Internacional.
Tampoco se trató en profundidad la guerra en Afganistán donde, luego de la reorganización de la oposición, tampoco puede decirse que traerá en el futuro la democracia y el desarrollo a ese país. Según los observadores que analizaron la derrota de la intervención soviética en los años ochenta, apoyada entonces por la CIA, la guerra en Afganistán está perdida porque la corrupción de poder central, el tráfico de drogas y el poderío de los jefes de guerra impiden la construcción de un país estable.
Tampoco dio pruebas de imaginación el G8 con respecto de uno de los más viejos e injustos conflictos del planeta, como es el del conflicto israelo-palestino, creado por las potencias occidentales después de la segunda guerra mundial.
Palestina ocupada por Israel desde 1967, es una pequeña región de 4 millones de habitantes, dividida entre Cisjordania y la Franja de Gaza. Una región que ocupó nuevamente de manera dramática, la portada noticiosa con la victoria del partido Hamas sobre el partido Fatah en la Franja de Gaza, que consagra la división de los palestinos, en el trasfondo del 40 aniversario de la llamada de los seis días en 1967, que afirmó la hegemonía de Israel en el medio Oriente y que hace que esa región siga siendo una región caliente desde entonces.
Una situación compleja que es uno de los puntos calientes del planeta y que el actual sistema internacional liderado por el G8 se revela incapaz de resolver por el cinismo y la hipocresía en su aplicación de las reglas del derecho internacional. Luego de una semana de enfrentamientos en que murieron 116 personas, Hamas logró el control militar de la Franja de Gaza derrotando sus rivales del Fatah. Se trata de un revés importante para el Fatah el partido de Yasser Arafat el jefe histórico de los palestinos y que ha dominado la política Palestina por mas de 40 años. Con ello la Franja de Gaza en la que viven 1,5 millones de palestinos, se ha transformado en un enclave islamista fronterizo con Israel, dominado por el partido islamista que es considerado como una organización terrorista por Israel, la Unión europea y Estados unidos.
El presidente Mamad Abbas disolvió el gobierno de coalición que se había formado en marzo recién pasado luego que Hamas ganó democráticamente las elecciones. Abbas llamó al ministro saliente de finanzas Salam Fayad de formar un gobierno de emergencia con el que el Presidente Mahmoud Abbas, debilitado, controla solamente la Cisjordania de la cual no se ha retirado aún el Ejército de Israel. El primer ministro Ismael Haniyeh denunció la medida porque el gobierno de Hamas fue elegido democráticamente, salido de un parlamento elegido democráticamente. Nuevamente los presidentes del G8 aparecen contradiciéndose, porque exigieron que hubiera elecciones y ahora apoyan el golpe presidencial del presidente Abbas contra el gobierno elegido democráticamente. El llamado cuarteto, formado por Estados Unidos, la Unión europea, Rusia y las naciones Unidas, tuvieron una conferencia el Viernes en la que dieron todo su apoyo a Mamad Abbas
Los medios de comunicación han planteado la posibilidad de la creación de un Hamastán y Las capitales occidentales con Israel se plantean aislar y ahogar Hamas en la Franja de Gaza. Por el momento la ONU denuncia que se mantengan cerradas las fronteras lo que provocará una crisis humanitaria.
Estos hechos confirman el cinismo de occidente que en lugar de apoyar.
Ciertamente, que avanza el islamismo radical en la región, incluido el Líbano donde el ejército libanés ataca un campamento dominado por islamistas radicales, pero los observadores denuncian la hipocresía de los países occidentales que no asumen sus responsabilidades apoyando las soluciones de paz en el medio oriente, que permitan la creación de los dos estados independientes, favorecen la inestabilidad y la división de los Palestinos en el marco del conflicto israelo palestino que sigue envenenando la región y nutriendo posiciones radicales.
El G8 mostró nuevamente su incapacidad de confrontar los verdaderos problemas internacionales y solucionar las crisis imponiendo la vigencia del derecho internacional.
La Cumbre del G8 discutió a puertas cerradas de los avances de la Ronda de Doha de la OMC que intenta imponer los intereses de las multinacionales como mecanismos de control de los estados en la mundialización. Se trata de iniciativas como el derecho de propiedad, la libertad absoluta para las inversiones y asegurar la reproducción de los mecanismos que permiten que los países del norte mantengan su primacía en el sector de las materias primas. Los conflictos Norte-Sur respecto del comercio internacional no se presentan de la misma manera que en le pasado. Producto de la des-localización de la producción son las transnacionales del Norte que benefician de la creciente industrialización en los países emergentes y controlan con subvenciones el rol predominante de las transnacionales de los países del Norte en el mercado de materias primas y de productos agrícolas. Son las subvenciones de los Estados de los países desarrollados las que permiten que sus productores inunden el mercado internacional y el de los países del Sur, con productos agrícolas de bajo costo que desarticulan las producciones locales. Esa es una de las causas del hambre en un mundo que podría nutrirse sin problemas.
Para los países latinoamericanos la Cumbre del G8, no trajo nada nuevo, aunque Brasil y México hayan participado con honores en la cumbre como parte del G5 porque estos no defendieron expedientes latinoamericanos sino que los intereses de sus países o de los países del G5.
Mientras tanto, los manifestantes partidarios de otra mundialización hicieron un balance positivo de sus acciones, que consiguieron molestar el G8 recordándoles que, finalmente, son las opiniones públicas de los países quienes les han elegido como representantes y que a pesar que se crean los reyes modernos, son imputables a sus electores. Las denuncias de Bono el cantante de U2 sobre que el G8 había sido una farsa y el rol negativo del primer ministro canadiense con respecto a la ayuda con África causó revuelo en Canadá. Hasta entonces, los analistas estaban sorprendidos de la buena acogida del plan “verde” del primer ministro conservador. Descubrían que este plan no era finalmente tan malo comparado, con lo que otras capitales europeas se planteaban, como si la Cumbre del G8 fuera la medida por la que podían medirse los avances en la lucha contra el calentamiento del planeta.
La Cumbre del G8 volverá ciertamente el próximo año, con su circo mediático. Tras ello sin embargo, debe recordarse que opera como el directorio permanente donde se hace la gestión de la mundialización. Tras el G8 se reúnen de manera constante los ministros y funcionarios, toda la burocracia de los países del G8 para hacer avanzar los expedientes de la globalización neoliberal y aplanar las divergencias entre los “amos del planeta” a las espaldas de la opinión pública. Está claro que los temas esenciales discutidos no se publican, ni siquiera está disponibles para los parlamentarios de los países, sólo se conocen cuando se ven los tratados o los acuerdos en tales o cuales dominios o la acción concertada de los países del G8 en agencias multilaterales o en imponer tratados bilaterales de libre comercio que se parecen como gotas de agua entre los que firma Washington o los países de la Unión Europea con los países del Sur del planeta. Las contradicciones que revela el G8 ratifican las causas de la crisis de legitimidad de las democracias occidentales.






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