Tesoro auténtico Por Carlos Benítez Villodres Dice Demetrio I que “amigo es el que en la prosperidad acude al ser llamado
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Puesta online a las 23:40, el 25 de Enero del 2009
Tesoro auténtico
Por Carlos Benítez Villodres
Dice Demetrio I que “amigo es el que en la prosperidad acude al ser llamado y en la adversidad, sin serlo”. Evidentemente es muy común que cuando una persona vive en la prosperidad le sobren amigos. Sin embargo, cuando ésta desaparece de su vida, la gran mayoría de los “amigos”, por no generalizar, también desaparecen de la faz de la tierra. En una verdadera amistad no hay interés material, el único interés que prevalece es el que se tiene por la persona misma.
Muchas personas tienen amigos sólo para su beneficio propio, aunque son conscientes de que el interés genuino se manifiesta en las personas, no en las cosas materiales. De tal modo, que quien tiene amigos para utilizarlos y aprovecharse de ellos es un miserable. Por consiguiente, “la amistad del mezquino, refiere Thomas Fuller, es más peligrosa que su odio”.
Como amigos podemos sentir empatía y solidarizarnos especialmente con el sufrimiento de quienes queremos de verdad. Los verdaderos y auténticos amigos tienen la capacidad de entender y compartir los problemas, los sentimientos, las alegrías, en fin, las emociones en sí mismas, pero sin hacer juicios. Cualquier alegría es mucho más grande, cuando se comparte con alguien; cualquier tristeza es más llevadera cuando se puede descargar en un amigo o una amiga.
Muchas de las grandes amistades que han existido se han formado entre personas totalmente diferentes tanto en carácter como en pensamiento, y muy diferentes entre sí. Es importante entender que todos somos diferentes y que la verdadera amistad consiste en armonizar nuestras diferencias y apreciar más a fondo lo mejor de nuestros amigos, aceptando aquello que no es placentero, pero que forma parte de su carácter y personalidad.
La lealtad es quizás la característica, por excelencia, de una buena amistad. Algunas veces, por trabajo, estudios u otras preocupaciones no es posible estar con los amigos con la frecuencia que quisiéramos. Llamar a nuestros amigos por lo menos para saludarlos ó escribirles, y saber cómo están, tanto de salud como por su familia, es una forma de lealtad; obviamente olvidarnos de ellos es una deslealtad por nuestra parte. Tirso de Molina nos lo expresa en esta redondilla: Los amigos de importancia, / que se precien de leales / en los bienes y en los males, / van a pérdida y ganancia. //
Un amigo es, pues, aquel que siendo leal y sincero, te comprende; el que te acepta como eres y tiene fe en ti, el que sin envidia reconoce tus valores, aquel que te estima y elogia sin adularte; el que te ayuda desinteresadamente y no abusa de tu bondad; el que con sabios consejos te ayuda a construir y pulir tu personalidad; el que goza con las alegrías que llegan a tu corazón.
Un amigo es el que, sin penetrar en tu intimidad, trata de conocer tu dificultad para ayudarte; el que sin herirte, te aclara lo que entendiste mal o te saca del error; el que levanta tu ánimo cuando está caído; el que con cuidados y atenciones quiere menguar el dolor de tu enfermedad; el que te perdona con generosidad, olvidando tu ofensa. El que ve en ti un ser humano con alegrías, esperanzas, debilidades y luchas. Ése es el amigo verdadero. Si lo descubres…,¡ consérvalo como un tesoro!
Cuentan que en unos de los frentes republicanos durante la Guerra Civil española, un soldado le dice a su teniente:
-Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo.
-Permiso denegado -replicó el oficial- No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto.
El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regreso mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.
El oficial estaba furioso:
-¡Ya le dije yo que había muerto! ¿Dígame, merecía la pena ir allá para traer un cadáver?
Y el soldado, antes de caer muerto ante los pies del oficial, respondió:
-Claro que sí, señor. Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: ¡Estaba seguro de que vendrías! Ciertamente un amigo es aquel que llega, cuando todo el mundo se ha ido.
Concluyo con esta octavilla de José Zorrilla sobre el tema tratado: Amistad nunca mudable / por el tiempo o la distancia, / no sujeta a la inconstancia / del capricho o del azar, / sino afecto siempre lleno / de tiernísimo cariño, / tan puro como el de un niño, / tan inmenso como el mar.// Ahora a meditar lo leído.