Pancha Gonzáles y el Ivan Godosky "Guenaigue la maire que te parió, atajachancho." Esas palabras de antaño, más de pal
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Puesta online a las 12:07, el 25 de Agosto del 2008
Pancha Gonzáles y el Ivan Godosky
"Guenaigue la maire que te parió, atajachancho." Esas palabras de antaño, más de palabras son tu hermana, tu compañero, el collar de los recuerdos, y sí, todo eso estará siempre en tu corazón, Pancha González, que nunca lo he discutido pero dame una respuesta, anda, no llores, no seas lesa, por qué siempre fuiste paleteada y cinco veces madre soltera. De no ser por el Lucho Vega, el ginecólogo que te puso asi de grande una argolla, habrías tenido tus veinte guachos y yo, en la inopia del buen franciscano, fíjate, te reconocí tres críos algo rusios cuando yo soy moreno, y luego resulta que esos tres cabros fueron reconocidos por cuatro de tus amantes, !qué caliente eres mujer! Me lo dijo, Sacarías Peña, ya ves, un día, sin complejos, me dijo: " soy padre de tres guachos", y yo ni idea, y él entonces me propuso que fuera padrino de uno de ellos, te lo juro, "conociéndote no me asusta que hayas dado cinco apellidos a tus tres cabros" que yo no me pongo ni colorado ni amarillo, que no sé a qué historia has mandado esos guachos porque serán llamados al servicio militar cinco veces y cuatro de ellas serán condenas por desertar al ejército. Tienes 34 años y todos dicen que eres una perica igual a una cueca porque todos te zapatean la nuca. Tienes muchas debilidades, Pancha González, que es lo que yo digo, si el amor es sexo, ahora somos orates, a ver, tú dirás. ! Bendito Ivan Godosky, la inquisición que te has propuesto te ha comido el zapallo! No lo creerás, Pancha González, que bien calladito me he vivido nuestras aventuras, pero si yo entraba a tus sábanas, que a menudo ya habían sido usadas para tus otros amantes, hija, era para oírte, que a mí el sexo me importaba poco, que a mí no me saca nadie de la sesera, que tu amor por los hombres era porque no tenías amor para ti misma... Y no sé si sería error o castigo del cielo, pero tú, ya se sabe, de la plata eras esclava y no de mis palabras, y has hecho mal, obvio, podrías haber sido mi esposa, pero, ahí tienes tus críos... mientras yo, mujer, hoy me encuentro en un ataúd y espero el milagro para no volver a nacer y quedar plantado en la tierra como la luna se ha clavado en el espacio. Me voy, tú dirás, dejo el barco, se sabe, pero no es una tontería ya que la cátedra son tus amigos y la necesidad tus sabanas. Ya, Pancha González, te dejo en paz porque me voy al cielo a pechar y, los hocicones, dirán que fui como esponja pal vino... yo digo que la barreta del hombre no se encuentra en las miradas sino en las palabras. Todo se vuelve letras y que no hay seres puros en la tierra sino que cabreados que se tuercen con el vaso en la mano y avasalla el cariño regalado por la flor o la abeja que vuela. Me he muerto. Llevo en mi sarcófago la pelá y los príncipes negros. Te aseguro, Pancha González, la monarquía bajo tierra es el protocolo de una república de muertos. Absurdo lo que te he dicho. Son mis modales de conversar y que la fiesta del hurra siga ya que hoy, tan ordinario que se puso el mundo, te aplauden cuando te mueres y te aplauden cuando te entierran. Qué se aplauda, pueblo... El rey de los moralistas se va... y que los hombres sigan siendo monos y las mujeres, las monitas ricas.