Eduardo Frei “Ser presidenciable ahora es obsceno”
El ex Presidente y actual timonel del Senado se confiesa. Explica el porqué de su parquedad, habla de temas “valóricos” y dice que acortar el período del Gobierno fue “un gran error”. ...
Puesta online a las 21:23, el 22 de Julio del 2007
Eduardo Frei
“Ser presidenciable ahora es obsceno”
El ex Presidente y actual timonel del Senado se confiesa. Explica el porqué de su parquedad, habla de temas “valóricos” y dice que acortar el período del Gobierno fue “un gran error”.
Nación Domingo
Por Jacqueline Tichauer
Acaba de cumplir 65 años y, sin embargo, la palabra que repite con mayor énfasis es futuro. En medio de las tormentas políticas, a Eduardo Frei se le siente relajado en su oficina del Senado. Como él mismo dice: “Quizá por mi mentalidad de ingeniero estoy operado de los nervios”. Entrevistarlo es enfrentarse a un personaje parco y cauteloso, pero que de repente estalla en una sonora carcajada que sorprende.
–¿Cómo se define?
–Soy decidido cuando tomo mis opciones, no me arrepiento de lo que hago. Tengo una vida familiar plena, con cuatro hijas, siete nietos y 40 años de matrimonio. Políticamente, hace tres años dije que iba a ser protagonista del futuro y lo estoy siendo, independiente del lugar donde esté.
–¿Sus famosos silencios son por timidez?
–No, yo hablo cuando tengo algo que decir. Hay gente que habla y habla todo el día. Pero nadie me puede acusar de que no digo las cosas. Cuando necesito expresarme, lo hago y actúo en consecuencia.
–Y en el plano de las emociones, senador…
–Yo soy poco de emociones [ríe].
–¿Algún recuerdo especial de su infancia?
–Cuando yo era chico no había TV. Santiago tenía 700 mil habitantes, jugábamos fútbol en la calle, porque pasaba un auto cada hora. Éramos siete hermanos, mi papá solía ir a almorzar a la casa, incluso cuando era Presidente. No era un padre ausente. Eran otros ritmos, los veranos eran largos, había una vida familiar mucho más intensa.
–¿Tuvo muchas pololas?
–Lo normal; algunos dicen que muchas, otros dicen que pocas.
–¿Qué lo enamoró de su señora?
–Nos conocimos un día y nunca más nos separamos
–¿Qué le gustó tanto?
–Todo [ríe con ganas].
–¿Qué cosas le reclama ella?
–En el plano familiar, que yo soy muy ordenado y muy aterrizado, por eso dice que soy su cable a tierra.
– ¿Y qué es lo que le incomoda?
–A estas alturas del partido, nada. Llevamos ya 40 años, nos hemos soportado las mañas, los gustos, los disgustos. Después de tanto tiempo, ya nos conocemos hasta los pensamientos.
–¿Es abuelo regaloneador?
–Ahí se cumple la tesis de que los nietos a mi casa no se van a educar. Hacen lo que quieren, dentro de ciertas normas. Las mamás los educan.
–¿Usted es de tocar, de piel?
–No mucho.
–¿Cómo se divierte?
–Jugando fútbol, ya con menos frecuencia, porque me hice un esguince. Los años pesan –confiesa nostálgico.
UN MUNDO DESECHABLE
Ahora juega golf, le gusta ver buenas películas. Un par de veces al año viaja. Los domingos va toda su familia a almorzar a su casa. “La gran alegría es cuando llegan y la gran alegría es cuando se van. Ese es un dicho de mi papá, que tenía 21 nietos”, recuerda.
–Usted, al igual que sus padres, ha tenido un matrimonio largo. ¿Cómo vivió la separación de sus hijas?
–Para mi forma de ser fue difícil. Además, uno construye amistades con sus yernos. Son desgarros familiares, pero hay que saber llevarlos. En esos momentos lo único que hay que hacer es acompañar a los hijos y, cuando piden tu opinión, consejo o ayuda, darlo.
–Hoy es más común que antes.
–Sí, hace 40 años era poco común. Hoy vivimos en el mundo de lo desechable: la comida es desechable, la ropa, el amor, los muebles. El comedor que tengo me lo compré recién casado, así es que tiene 40 años. Debería haber cosas que no sean desechables.
–¿Por ejemplo?
–El amor.
LA PÍLDORA Y YO
Frei Ruiz-Tagle es de esas personas que duerme ocho horas diarias sin pastillas. “No me gusta que me interrumpan. Hay una frase en una biografía sobre Kennedy que decía, refiriéndose a su mujer y a su equipo, que les agradecía que siempre tuvieron la cortesía de no hablarle hasta después del desayuno”.
–¿Cuál es su postura frente a la píldora del día después?
–Es un problema de conciencia.
–Pero si una hija suya quedara embarazada y no quisiera tener la guagua.
–Si es mayor de edad, tomará su decisión. Pero si tiene 12 años, me metería.
–¿Y ahí?
–Eso tendría que verlo, porque es caso a caso. Es lo que he sostenido. El Estado tiene que cumplir su rol y nadie lo puede discutir. En el barrio alto, todas las farmacias la venden. Desde el punto de vista de mis creencias, si mi hija es menor de edad, yo quiero participar de esa decisión, porque una niñita de 12 años no tiene el discernimiento para tomarla.
–¿Unión civil entre homosexuales?
–Creo que hay que respetar los derechos de las personas. De ahí a que tengan hijos no me parece. En la moral y la ética pública uno opina. En la privada, cada uno responde.
–¿Alguna frustración importante?
–No he vivido amargado, frustrado ni acomplejado, todo lo contrario. Me siento bien en el servicio público.
–¿Ha pensado volver a ser Presidente?
–No está en mi programa, no está en mi disco duro, no estoy haciendo campaña. Pero uno nunca puede saber: ¿quién vio el futuro?
–¿Qué opina de los presidenciables que están apareciendo en estos momentos?
–Ser presidenciable ahora me parece obsceno. Una grosería con la Presidenta, una grosería con el país. Cuando me paré en el Congreso Pleno dije que habíamos cometido dos errores en las reformas constitucionales del 2005: primero, no haber cambiado el binominal, porque negociamos muchas cosas contra nada. Segundo, haber puesto el período presidencial de cuatro años. Ahora estamos pagando los costos: antes del año de Gobierno ya estamos en campaña. Estamos todos preocupados del futuro presidencial y no de sacar adelante al país, cuando Chile tiene el mejor récord económico que ha tenido en 200 años.
–A propósito de eso, usted respaldó al senador Zaldívar.
–Yo he sido muy claro: el día que juré dije que respetaría las atribuciones de los senadores, que están claras en la Constitución. Ahora, si en el partido hay diferencias políticas entre la mesa y algún parlamentario, lo tiene que resolver el partido.
–¿Y qué le parece que Soledad Alvear dé orden de partido y que apele al Tribunal Supremo?
–Eso es un problema de la mesa, no mío.
–¿Cómo fue cuando usted presidió la DC?
–En ese momento mi mesa estaba compuesta por Gutenberg Martínez, Genaro Arriagada, Adolfo Zaldívar, Mariana Aylwin, Pedro Goic y Felipe Sandoval. Nunca le pregunté a nadie si era chascón, guatón, colorín, retornado, iluminado o mega-no-sé-cuánto; todos participaron. LND