Puesta online a las 22:22, el 25 de Septiembre del 2007
La semana pasada, la canciller alemana Angela Merkel recibió al Dalai Lama a pesar de las protestas, presiones y pataletas del gobierno chino, quien se opone a todo acto de amistad hacia ese líder religioso y político. La actitud china se explica por haber invadido el Tibet, territorio autónomo, con su propio pueblo, lengua y cultura, no queriendo asumir la ilicitud irreparable de tal acto. El caso de China y del Tibet pone a prueba nuestra capacidad para ser consecuentes con los principios que decimos defender. China con su poder comercial, político y militar coloca en la lista negra a cualquiera que le recuerde, aunque sea de la forma más suave posible, las violaciones masivas de los derechos humanos de su gobierno, tanto en lo relativo al Tibet, como respecto de sus propios ciudadanos. Ahora que nuestro país aspira, y esperamos que logre, ser miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, se enfrentará una y otra vez a la disyuntiva de lo conveniente, de dejarse presionar por el poder, o decir lo que corresponde. Un punto bajo de nuestra Chancillería fue no recibir al Dalai Lama en el 2006, obviamente sujeta a la indebida presión china. Si los derechos de las personas son efectivos, no pueden admitir excepciones en razón del poder de quien es sujeto a escrutinio.
Michelle Bachelet en la misma ONU, centró su participación en el tema del calentamiento global y la urgencia de tomar medidas hoy, no mañana y de la importancia de incorporar regulaciones que limiten de forma drástica las emisiones de cases de carbono. Los estudios de científicos sobre el calentamiento global, incluidos los chilenos en la Antártica, ya no admiten dudas. La política energética de largo plazo es clave para ese efecto, debiendo centrarse en fuentes que no emitan gases de carbono. Nuestro país está dando señales de avanzar en ese sentido, tanto por los proyectos hidroeléctricos, como, que es mucho más importante, dejar atrás el tabú de la energía nuclear.
El debate o la tensión entre los dos paradigmas políticos del pasado, entre mercado y estado en la asignación de los recursos o determinación de las relaciones de producción, da paso a un concepto distinto, el de aceptar al mercado como proceso ineludible en las relaciones de producción y consumo, pero sujetos al proceso social de la regulación legal y la persuasión educacional. En ese sentido, se podría hablar que la socialización de los medios de producción es efecto no de la estatización, sino de la su regulación en el marco de los procesos legales y culturales en una sociedad libre.
Pocos son los mercados que operan sin regulaciones, algunas sustantivas, que afectan todo el proceso que los caracteriza. Los mercados son regulados por ley para conseguir ciertos efectos. Por ejemplo, el mercado financiero a través de las leyes que regulan el banco central y los bancos comerciales, es regulado de una forma que permite una existencia de un cartel organizado en beneficio básicamente de la estabilidad de las operaciones financieras de sus agentes económicos. La regulación podría ser otra. Podría no haber banco central o existir más de un ente con autorización para emitir papel moneda, las operaciones autorizadas a los bancos ser más o menos permisiva. Los que dicen oponerse a la regulación de los mercados, solamente lo hacen cuando afecta sus intereses o modifica una regulación existente, para conseguir otros efectos y proteger otros intereses.
Otro ejemplo es el del mercado de la industria pesquera, altamente regulado en todos sus extremos, partiendo por las cuotas de captura. El mercado podría ser regulado de una forma completamente distinta. Por ejemplo, solamente autorizando la pesca por medio de naves pequeñas, incentivando el aumento de la oferta en el mercado interno, el aumento del empleo en el sector, la disminución de los precios y, al mismo tiempo, la conservación de los recursos por una menor explotación. Una industria exportadora en base a naves pequeñas podría existir, pero sería de un tamaño considerablemente menor. ¿Por qué no podría ser así? ¿No sería una regulación del mercado tan legítima como la actual? Por cierto que sí y el número de beneficiados sería mucho mayor.
Son muy pocos los mercados que no se encuentran regulados y, como sea esa regulación, son los resultados que generan. Ahí tenemos el mercado de la educación y la ley orgánica que lo regula, con la educación básica y media subvencionada. Cuando la Presidenta sostuvo que solamente debiesen acceder a la subvención del estado entes sin fines de lucro estaba planteando un cambio profundo respecto de cómo opera el ese mercado el día de hoy, sobre quienes pueden seguir en él con el dinero del fisco.
En otras palabras, el debate no es si hay mercados, pues estos existen incluso en las economías totalmente estatizadas, operando particularmente mal, sino como se regulan y cuales son los efectos que se quiere generar con ellos, partiendo de una realidad determinada.
Renovación Nacional ha expresado estar acuerdo con otorgar el voto a los chilenos en el extranjero, pero solo a los que viajen cada cinco años al país, lo que solamente se explica por la forma de hacer política de su candidato permanente, al cual le gusta aparecer apoyando iniciativas que tienen respaldo, pero en definitiva poniendo condiciones que eviten que la voluntad democrática se exprese realmente. Lo mismo ocurrió con la reforma al sistema electoral binominal.