Puesta online a las 17:26, el 12 de Octubre del 2007
La ignominiosa celebración del 12 de octubre
escrito por Roberto Avila
viernes, 12 de octubre de 2007
Era 1978. Se iniciaban las clases de Derecho Histórico en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, cuando la profesora nos contó (el cuento) que la conquista de América había tenido por finalidad el altruista fin de evangelizar a los indios. Le pregunté si sería bueno considerar que los conquistadores pudieran tener también un objetivo económico, pero ella me respondió presa de la más viva excitación que esa era la leyenda negra que difundían los marxistas.
En medio de una dictadura que consideraba a los marxistas como humanoides y que tenía las cárceles abarrotadas y el país sembrado de cementerios clandestinos, la imputación tuvo para mi el impacto de un anatema inquisitorial venido de Bernardo Gui. Cambié de profesor, curso y obtuve en definitiva un siete, calificación máxima, a fin de año.
Pero mi profesora me había enseñado con claridad algo que un indio con apellidos españoles y con simpatías allendistas, como yo, nunca debiera olvidar; la historia oficial no se discute.
Este 12 de Octubre el estado español, que tanta parafernalia y declaraciones rimbombantes pone encima de sus supuestas definiciones democráticas, celebrará con una parada militar ostentosa la invasión a América Latina encabezada por el mercenario genovés Cristóbal Colón.
Esta invasión fue tan sangrienta que en 1542 se dictaron las Leyes Nuevas que buscaban morigerar los abusos y tropelías que se cometían en las mal llamadas Indias. Tampoco existía justificación legitimante que avalara la invasión. La forma y legitimidad de la misma llegó a ponerse en cuestión entre los propios españoles y así se reunieron en Valladolid en 1550 una llamada Junta de teólogos en la cual la defensa de la agresión imperialista fue defendida por el dominico (dominicus/los perros de dios) Juan Ginès de Sepúlveda con los siguientes argumentos:
Con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas.
Por muchas causas, pues y muy graves, están obligados estos bárbaros a recibir el imperio de los español[... y si rehúsan nuestro imperio podrán ser compelidos por las armas a aceptarle, y será esta guerra, como antes hemos declarado con autoridad de grandes filósofos y teólogos, justa por ley natural.
Que los hombres eran todos hijos de dios e iguales en derechos y dignidad fue la tesis que a favor de nuestros antepasados defendió el noble Fray Bartolomé de Las Casas quien desarrolló además una gran una actividad en América Latina a favor de los indios, escribiendo un formidable texto Brevísima relación de la destrucción de las Indias, y quizás premonitoriamente llegó a ser Obispo de Chiapas en Mèxico.
La conquista y el saqueo de dimensiones colosales siguieron adelante, pues los imperios no son sensibles a disquisiciones teóricas que cuestionen sus voracidades.
La libertad y la dignidad de nuestra naciente América Latina cabalgaron con Lautaro, Caupolicàn, Pelantaro y tantos otros. Esa es la historia real aunque de ninguno de ellos exista un monumento importante en nuestras ciudades. Entre malones y butamalones mapuches fue naciendo nuestro pequeño pero altivo Chile cargando en ese momento sobre sus hombros la dignidad de todo nuestro continente.
España era un imperio pobre que recién se había reunificado que gracias al gigantesco saqueo a que nos sometieron llegó a ser uno donde no se ponía jamás el sol. Quienes desafiaron el poder como el gran Tupac- Amaru fueron muertos salvajemente, como este, que lo fue descuartizado vivo por caballos.
Durante tres siglos fuimos un continente ocupado por la fuerza, agobiados por los impuestos, con sus pueblos originarios esclavizados y los criollos nacidos del mestizaje despreciados.
Nuestras heroicas luchas de independencia encabezadas por Simón Bolívar, Artigas, San Martín, Ohiggins, Sucre, Carrera, Belgrano, Martì, Maceo, el Dr Francia,y Manuel Rodriguez entre tantos otros vieron a un ejército español cometer todo tipo de lo que hoy llamaríamos crímenes de guerra.
Pero España no hace hasta el día de hoy un mea culpa histórico sino que por el contrario celebra la invasión como si fuera cosa honrosa. El Papa Juan Pablo Segundo II pidió perdón a la humanidad por lo sufrido por Galileo y Juan Hus. Se anuncian para los festejos máximas medidas de seguridad, le temen ahora aun pueblo que tienen hoy bajo opresión como nosotros lo estuvimos ayer: el país vasco.