Puesta online a las 12:49, el 11 de Noviembre del 2007
Profesión: Ciego
No eran pocos los ciegos del mal de ojos en la historia del país.
El más comentado fue el de Juan Rolando Loyola de Marianos que creó la profesión: Ciego.
El animal, lo llamaban.
Dicen, o decían, que contrajo su ceguera ya en los primeros meses de nacimiento y fue una gonorrea que su madre, de profesión antigua, andaba regalando a sus clientes.
Desdicha de la vida, dicen, o decían.
Se había pensado matar a todos los ciegos del país, no con balas ni ahorcamientos en masas sino que a garrotazos.
Dicen que, antes que Juan Rolando Loyola de Mariano naciera, bajó del cielo una peste que cantaba en coplas de muerte.
Dicen, no estoy seguro si lo dijeron o lo soñé.
El país se había nublado y una horda de gatos amarillos descendía y sacaba los ojos al primero que pillaban en la calle.
Hicieron estragos.
- Gatos de mierda-, decían los nuevos ciegos de la patria.
Una noche, eso escuché de una anciana ciega, reventó de la tierra una materia resbalosa, como espuma, y ahogó los gatos amarillos.
Los gatos lloraban, los ciegos celebraban misas en las grandes catedrales y otros se declaraban de profesión:Ciego.
A pesar de tantos no-videntes inscritos en los sindicatos no se sabía dónde mierda encontrar un puesto de trabajo para ellos.
Nacían, como callampas, -o barrios mal urbanizados- en la nación los consultorios sentimentales.
Los seres abandonados por cupido podían ir a los consultorios y pedir hora.
Juan Rolando, era el más cruel en la nueva profesión.
Se daba cuenta que las, o los, candidatos en busca del amor eran todos unos falsos y embusteros que contaban desgracias inventadas y los despedía a garabatos de su consultorio.
Una tarde llegó un hombre anciano, fragante, y con una palmatoria en la mano.
Juan Rolando, dormía en su silla. Profesor, dijo el hombre de la palmatoria, busco el amor.
Juan Rolando se despertó sonriente. De todos modos, no sé nada del amor, respondió.
Su madre me ha mandado hasta aquí, profesor, respondió el hombre de la palmatoria.
Si asi fuera, yo habría sido el primero en saber que mi madre vive.
Su madre,vive, profesor.
Ha muerto de gonorrea, amigo, no diga tonteras.
Al contrario, dijo el hombre de la palmatoria, su madre vive sana y sin gonorrea.
Mi pobre madre, amigo, murió podrida.
Es todo lo que piensa de su madre?
Juan Rolando alargó su mano y tocó al hombre.
Sus ojos se llenaron de luz y bailarinas en burdeles del pasado.
Vio la palmatoria en la mano del hombre y pensó en la ciencia de las cosas...
Habló con Dios, que estaba sentado en su consultorio... y sanó de su ceguera...
Dicen, o me dijeron, que murió esa misma tarde y se juntó a su madre... ella, sana, y él con sus ojos que veían la belleza después de la muerte...