La metamorfosis de una narración en medio de un terremoto.
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Puesta online a las 23:25, el 21 de Noviembre del 2007
La metamorfosis de una narración en medio de un terremoto
Era un día raro, “quelque chose de bien fou”, me comentó en retornado de Bélgica. Vous connaissez la locura, le dije en mi francés aporreado. Les yeus, amigo, les yeus del pasado son la locura, me dijo y desapareció de mi vista. No entendí ni jota pero la verdad sea dicha entre nosotros y, creo ,que el amigo retornado no era amado en el norte por tener una fama sospechosa porque, no sé si creerlo, era un pinochetista hasta los callos, que luego se infiltro, siempre por orden del fascismo, en las filas del exilio: el cabo orfelio, paco conocido por su afición al copete, andaba diciendo que el francés, había sido un torturador y su presencia en tocopilla amargó hasta el sabor del azúcar. En el pueblo se sabe que no hay pruebas sobre su infiltración en el exilio y hacen bien en no darle bola al cabo orfelio.
Frolian, un sepulturero del cementerio de Tocopilla me aseguraba, como lo hacen los curas cuando escuchan tus pecados, que el mayor daño que puede causar un muerto es que deja sus hilachas vivas. Puta que me dan rabia los que hablan en códigos, le dije.
Frolian, hombre que había vivido junto a un homosexual, una tal Pupa, le había dado por algo de diecisiete años, lo que en veinte los muertos nunca pudieron entregarle, el amor.
Pelambres de capillas y de bares, obvio. En todo caso el cielo y el sol de aquel día eran como cajón de muerto. Frolian, que en un buen alemán ”Freulein” quiere decir, señorita, y el tan tonto no lo sabia, me decía que por su pala habían pasado hasta los traficantes de la religión y que Tocopilla se estaba llenando de canutos y retornados. Le dije que si su pala no lo abandonó en sus 55 años de vida pues que haga lo posible para que no lo abandone su lengua. Me miró con rabia. Me dijo que ni la misma llorona le había hablado de esa forma y, que si yo comprendí un poco lo que él me narró, pues si no me marchaba de Tocopilla moriría como un pobre huevón en un cementerio con plantas ya secas. En ese mismo momento las cruces se rompieron y los nichos crujieron. Pensé en las historias que se cuentan sobre la
llorona que andaba gritando por su hijo muerto. Un mito, sin duda, que asustaba a todos los tocopillanos. La historia es vieja. No es epopeya ni cuento de bares o chiste de velorios. La llorona, mujer y madre de un niño, sale por las calles, no para vender pan amasados o cloro, sino que para buscar a su hijo muerto. Un espíritu maligno, que nació de un huevo de gallo... El frolian andaba asustando a la gente con esos cuentuchos de pueblos. Le dije que a lo mejor la llorona era su madre y que enloqueció al ver que tenía un hijo tan ahuevonado.
Lo había ofendido.
Botó su pala y se puso a llorar sentado sobre un ataúd de un desconocido. Sus llantos no me daban seguridad porque había sacado de su bolsillo una cortaplumas automática. Me preparé a escapar cuando el frolian capturó, de un solo salto, un canario guacho.
Mi canarito lindo peshocho, yo te voy a dar el cielo y te voy a enseñar a cantar el puro chile.
Los canarios no son dotados para canciones nacionales, le dije.
El canario es mío y si quiero le enseño hablar el quechua, me respondió.
El silencio y el canario a punto de partir a mejor mundo. Es un cuento, me dije. Estoy metido dentro de un cuento y más escribo más me asusta el personaje frolian. Yo de muchacho anduve por las minas de Chile. Me pesaba haber visto tanta miseria. El recuerdo te vuelve orate, me dije. Trataba de escribir sobre el terremoto de Tocopilla y me caí en una metamorfosis de un terremoto llegado a la maleta. Propiciaba toda una historia encantadora, un poco tonta pero llena de optimismo. El frolian me dice que ya estoy orate y que no debo tratar de pasar por normal. Descanso un momento en mis recuerdos. Las pulperías de las minas... viejos carruseles del esclavista de Eduardo Frei, antes de los Alessandris. De un tirón siento que me arrancan un grito y veo el canario que vuela ensangrentado por el cielo de Tocopilla. Es un profundo dolor que me lleva a revolcarme como una víbora herida. Mi personaje, frolian, planta una bandera negra a los pies de una tumba. Las casas de Tocopilla se derrumban, la larga cabellera de la llorona alarga su desgracia y el pueblo cae bajo los insultos del pasado.
¿Por qué maltratas al pueblo, llorona?
Para que me devuelva mi hijo.
Era indecente que yo escribiera un cuento tan despojado de realidad. Antes, fue el salitre que llenó de historia a Tocopilla y, mucho antes, (1825) fue el puerto principal de los bolivianos y, al final de la historia, (1971)se le declaró "Monumento Histórico Nacional". Eso podría escribir y no secarme el cuello sudado de dudas y darle boleto a un personaje que se ha salido de mi mente y anda con eso de hacer cantar a los canarios el puro chile. Me desterraré de mi propia mente, le digo a mi personaje.
Si te destierras moriré., me responde.
Me abandono.
Los vidrios de Tocopilla se rompen en millones y habitantes del pueblo huyen por las calles.
¿Quién seré el próximo escritor que hable de mi? Preguntó mi personaje.
No lo sé hijo. Le dije.
Frolian sabía que yo me había enojado porque debía hablar del periodo de Salvador Allende y, luego, del golpe y de los gobiernos después de Pinochet.
Usted me desprecia, papa, me dijo el personaje.
Con todo respeto, frolian, eres un personaje que no tiene culpa del abandono de este pueblo. No debes creer que tú has traído la pobreza a Tocopilla porque fue el Estado Chile que engordó con el salitre y ahora abandonó a su vaca sagrada porque no dio más leche.
No me hagas caso, papá, me dice el personaje.
Me da risa.
A lo lejos se siente una tos.
Llega el terremoto... los gritos sepultan mi personaje y quedo atrapado en los llantos de la gente. Se dice que es por culpa de la llorona. Se dicen mil cosas porque mientras corría por Tocopilla se me dijo que en la iglesia Santa María, en medio de las ruinas y esperanzas de ayer, esa mujer de larga cabellera dejada al viento, escribió su historia maldita. Hoy ha vuelto la llorona. Ha dejado damnificado a todo un pueblito que antes fue la gloria de Chile. Hoy, sola y triste, grita que es también de Chile.
Frolian, cayó en el terremoto. Hoy narró la historia porque pertenece a Tocopilla.