Narrativa de Pedro Juan Gutiérrez Habana, “sucia y caliente” Le dicen el Bukowski cubano y en sus letras se mezcla el ...
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Puesta online a las 11:25, el 08 de Febrero del 2009
Por Mauricio Valenzuela / La Nación
Narrativa de Pedro Juan Gutiérrez
Habana, “sucia y caliente”
Le dicen el Bukowski cubano y en sus letras se mezcla el candente calor del erotismo y también la decadencia social de la isla.
Es la nueva literatura cubana, la que presenció el apogeo y la gradual crisis del discurso socialista en la infancia y juventud de sus autores -en su mayoría nacidos entre 1960 y 1975- quienes hoy se empeñan en conciliar los códigos propios de la posmodernidad para dar rienda suelta a sus fabulaciones personales y agregarle a este "sabor" una gota amarga.
Ellos asocian su literatura a los temas más duros de la isla: el sida, la prostitución, la migración, la pobreza, el cansancio de la política, la inserción en lo globalizado.
A esta mirada se suman autores como Pedro de Jesús López (1970) y su novedosa indagación en las formas del placer homosexual (cuento "La carta"); Ena Lucía Portela (1972) y su amor violento (cuento "Por lo menos un tortazo".) Jorge Ángel Pérez (1963) quien explora una riquísima y enervante épica carnal en sus antihéroes que fuerzan al máximo las posibilidades amatorias del cuerpo incluso mutilado. Y por nombrar a otros: la prolífica Ana Lidia Vega Serova (1968); Marcia Morgado (1951) y su célebre "Memorias eróticas de una cubano-americana"; Zoe Valdez (1959), cuya obra está calificada de pornográfica, y que hurga, en poesía y narrativa, en la realidad concebida como espacios de nada cotidiana que se alían a una postura escritural crítica que la autora tiene hacia el gobierno de Castro. Además encontramos en este panorama a Amir Valle, Alberto Garrido, José Miguel Sánchez y Vivian Jiménez, entre otros.
Pedro Juan Gutiérrez y su manual de perversiones
Pedro Juan Gutiérrez (1950) es la pura sepa de una Habana candente que es imposible despegar de la suciedad. Su erotismo literario es mezcla de perversión, sensualidad, y la decadencia en que gana cuerpo la más sórdida oscuridad del amor, como única redención para la miseria. Boxeador, cortador de caña, vendedor de helados, soldado y periodista entre otros - a lo largo de más de 15 libros desde 1989, inauguró su obra con "Vivir en el espacio: del sueño a la realidad". Título sugerente si pensamos que sus anónimos y por ende inubicables personajes gravitan en un espacio literario sin perdón, y que sin mencionar la política, en esta omisión para muchos lectores se hacen patentes como una crítica feroz a la Cuba de Fidel. Aquí la realidad transita en el dejo y abandono social que tiene la ciudad desacralizada del mito de la revolución, lejisimos del paraíso socialista. Es la Cuba de los 90. Sus personajes transitan sin posibilidad, nacidos para la derrota, perceptibles a través de su pluma como una masa agria de olores y sensaciones que pese a su miseria encuentran el amor como una redención momentánea a través del sexo duro, descrito con belleza.
-¿Podría hacer una breve relación entre la literatura cubana y el erotismo o calor sexual tan propio del Caribe?
-El erotismo y el sexo forman parte de la literatura cubana desde sus inicios. En 1883, la primera novela cubana es "Cecilia Valdés" y su protagonista es una mulata muy sexy y hace un trío con dos hombres al mismo tiempo. Creo que al igual que el sexo como expresión de la alegría de vivir forma parte de la vida cotidiana del cubano, en nuestra literatura es lo mismo.
-Siendo su escritura un reflejo descarnado de una Cuba subterránea, ¿de qué manera el sexo funciona como una redención para la miseria y el dolor?
-Sexo, ron y música. Si vamos a simplificar, esa es la clave del asunto. Ha sido así desde siempre en esa Cuba más underground, que es la que me interesa y la que exploro en mis libros. Hablamos de un pueblo mestizo. Con africanos. Y un pueblo que vive en el calor, donde la gente no usa mucha ropa y donde se simplifica la vida, las tradiciones y el lenguaje.
-Sus personajes transitan en la nada cotidiana y son como usted, la múltiple conjunción de experiencias duras, de oficios, de búsquedas hermosas y también ingratas, a veces destinadas a la derrota. ¿Cómo se escribe el pueblo cubano a través suyo?
-No creo que mi voz sea la de todo el pueblo cubano. Mis libros son muy autobiográficos y se concentran en un barrio: Centro Habana, ni siquiera en toda la ciudad, sólo en ese barrio. La gente de otras provincias y de otras regiones son muy diferentes.
Y por supuesto mis novelas y cuentos son una mezcla de realidad y ficción. Estoy contando historias, intensas, fuertes, y casi siempre desastrosas.
-¿Por qué hay jóvenes autores que dicen estar más preocupados de la literatura que de la política? Me refiero a autores jóvenes como Ena Portela. ¿Es común un cansancio de la política?
-Creo que sí. Ha sido mucho tiempo con un protagonismo muy intenso de la política. 50 años. Se dice rápido. No puedo hablar por otros. Hablo por mí. Estoy cansado, agotado, extenuado. Acabo de cumplir 59. Los años que me quedan de vida pienso dedicarlos íntegramente a la literatura.
-¿Por qué escribe, o sea, qué es lo que condicionó el tono fuerte de sus letras? ¿De qué modo la caída de la Unión Soviética, el declive económico, el bloqueo, la migración, etc., condicionaron sus temáticas?
-Precisamente, al entrar mi país en una fuerte crisis económica, social y política en 1991, se derrumbaron muchas cosas dentro de mí y en los alrededores. Y empecé a escribir en 1994 con una fuerza llena de rabia. Una energía muy extraña y furiosa, que no había experimentado antes. Muy defraudado, muy decepcionado. LND