Puesta online a las 8:29, el 10 de Febrero del 2009
Once de Septiembre 1973
Once de Septiembre 1973. Por segunda vez veo tantos muertos. (La primera vez fue con la masacre de los pobladores de la José María Caro). Con las primeras víctimas del 1973 me cagué completamente en los pantalones. Por si llegara a ensuciarme de nuevo..., bueno, lo digo para no aparecer tan tonto y miedoso, pido que me disculpen.
Han transcurrido unas horas después del Golpe de Estado. ¡Menos mal que estoy vivo! ¿Vivo? Mi dilema es que no comprendo eso de vivos o muertos. ¿A lo mejor morí antes, mucho antes que me mataran? Me adelanté a la muerte y, por güeón, me morí antes de ella.
Bueno, para morir hay que nacer..., (esas palabras las aprendí en los velorios de barrios) y, al nacer, se me entregó un pasaje de regreso... ósea, volver a morir, digo, morir de forma decente, de algo romántico, con un libro en la mano y un vaso de vino tinto... – el vino blanco no me gusta, arruina el hígado y uno se vuelve mayonesa-. Vivo o muerto iré a la comisaría y denunciaré mi ocaso..., - bueno ya veré si podré ir.
Antes de salir de mi choza deberé rezar un padre nuestro en forma que se comprenda que he parado las patas para que no digan que ando puro güeveando nomás.
Cada vez que rezo me irrita nombrar la madre María. “Soy guacho, señores”, les diré a los pacos. Ellos no me creerán, obvio.
Al pinocho le gusta la virgen del Carmen... ¿Era más linda de la virgen María? Lo que podría preguntar es: ¿qué virgen le gusta al general Mendoza? Seguro que por preguntón me darán una camotera de palos. Mejor que me presente a un regimiento... al menos los pelaos son más pelusas y si no me matan me agarrarán para fusilarme con cargadores vacíos y luego, obvio, la pateadura no me la despintará ni la FIFA. Lo malo con los conscriptos es que andan más volaos que un pavo achacado. Podría decir: "Soldado de Chile: acabo de saber que he desaparecido".
Son tan güevones los soldados que me dirán que no son cabos sino que pelaos nomás... Me podría caer muerto delante los soldados y, antes de eso, pedirles que me velen en la piscina militar, siempre y claro que la sequen antes. En mi velorio yo mismo rezaría por mí.
Jamás he visto un muerto que rece. Sé que el cuerpo se endurece, pero la mente sigue trabajando, eso me dijeron.
Aquel día tan triste del once de septiembre, mi velorio, obvio, día en que me declaré muerto, creí morir de pena.
¡Me quería tanto! ¿Qué habría hecho sin mi mismo?
¿No sé si volveré a verme? ¿No sé si podré tomarme una cañita de chicha conmigo mismo?
Cada noche, en las penumbras de mi pieza, rezaba antes de declararme muerto.
Ensayé mi muerte en el tancazo, joerrrrr. Acostado en mi cama, con mis manos sobre el pecho, llegué a odiar el cielo de mi dormitorio. Había que pintarlo. Es banal, lo sé, pero ensayar la muerte con un cielo todo hecho mierda no es muy glorioso.
La muerte es como la separación o el divorcio. Bueno no soy casado, y ni cagando me casaría. Las mujeres son difíciles... bueno, eso lo vi en la tele. El divorcio causa llantos... es igualito a la muerte porque todos lloran. Eso también lo vi en la tele.
Actualmente vivo con una perrita que he bautizado con el nombre de: "la loca Julia". La encontré en la calle y le di techo, amor, comida y nombre.
Lo de loca es porque es tan amorosa que enloquece, lo de Julia, bueno, es una historia complicada porque no sé si ustedes lectores se acuerdan de la novia de un personaje de un libro que nunca se escribió... ¡Lo sabía qué quedaríamos en las mismas!
La loca Julia es libre. Sale y entra, entra y sale o, sale y entra. Espero que un día no se le ocurra morir atropellada o envenenada,
¡ Qué sé yo!
Bueno, como estaba de luto esa día de septiembre, vi a mi gata regalona: "Perla". En su en su hocico traía un ratón que, al verlo poco convencido en convertirse en cena de mi cuchi-cuchi, insultaba a medio mundo. Nunca he visto un ratón tan ordinario para hablar.
Mi gatita, que tenía una boquita de monja, no era menos. Venían peleando, ofendiéndose. Deseaba haberles dicho que delante los muertos no se pelea, pero no pude hablar, yo estaba muerto. Siempre iba por delante de mi vida la muerte.
Unos meses antes de declararme muerto, yo y perla, éramos enemigos. Peleábamos, nos ofendíamos, nos gritábamos injurias y luego nos mandábamos a cambiar de la casa. De vez en cuando la loca Julia también se iba de la casa. Ella era una perra casera y le gustaba ver las telenovelas en la tele.
Era un martes de Octubre del 1969, cuando nos cortaron la luz, que por cierto la loca Julia no vería su capitulo cebollero. Intentamos colgarnos de un cable público.
- Eres un atorrante - dijo la loca Julia-. Te odio tanto.
Me empapeló de ladridos y chuchadas.
-¿Qué esperas? ¿No deseas que vea como se besan los perritos de la comedia? - preguntó la loca Julia al ver que no logré robar luz pública.
-No es eso..., es que yo..., mira..., no sé... perdona pero es tan cebollera tu comedia - . Dejé la casa a toda carrera porque la loca Julia quiso matarme. No era mi idea denunciarla a los pacos pero sin embargo lo hice...
La quiero pero nunca se lo dije.
Era como una hermana para mí.
Era como algo imaginable, y la tenía en mi casa, era mi perra y la denuncié...
Al día siguiente, cuando ella salía a orinar a la calle, estaba esperándola, en una esquina frente a la carnicería del flaco pacho, un furgón de la policía.
Los pacos tenían en sus manos unas metralletas y andaban de pésimo humor.
No sé explicar por qué fui tan cruel. De lejos la miraba con ternura. Quise gritarle que arrancara porque habían venido a matarla pero de nuevo me cagué en los pantalones.
Ella, orinando al medio de la calle, estaba por ser sorprendida por una ráfaga de ametralladoras.
Corrí a protegerla y me llegó un chorrera de balas. La muerte me había llegado mientras cerraba mis ojos llenos de vergüenza.
Muchas veces me soñé que la loca Julia era fusilada por la Junta y que yo levantaba del piso su cuerpo ensangrentado.
Aquellas imaginaciones no se hicieron realidad porque es ella la que ha arrastrado mi cuerpo sin vida.
Mi historia podrá ser una gran cagada, lo digo, pues, todo es posible porque no es justo limpiar la historia cuando bajo la junta cayeron hasta los gatos, los chunchos y el alba degollada por un falso juramento.
La loca Julia, mi perrita atorrante, sepultó mi cuerpo como si yo hubiese sido un pedazo de hueso. La historia noble de mi perra es que hizo todo lo posible para que mi gata también estuviera en mi velorio.